Lo que empezó como un estruendo en el cielo terminó llegando a la costa colombiana. Restos de una lancha calcinada, cuerpos destrozados y paquetes con rastros de marihuana fueron apareciendo en playas de La Guajira, arrastrados por el mar tras un ataque aéreo ocurrido el 6 de noviembre, vinculado a la campaña del gobierno de Donald Trump contra lo que llamó “narcoterroristas”.

Ese día, Erika Palacio Fernández grabó desde la orilla humo saliendo del mar. Sin saberlo, captó el único video verificado e independiente de las secuelas del ataque. Dos días después, en la misma zona, varó una embarcación de 30 metros completamente quemada; luego aparecieron dos cadáveres y bidones, chalecos salvavidas y decenas de paquetes, muchos vacíos, otros con residuos que parecían y olían a marihuana.
Un análisis de The New York Times vinculó esos restos con un video difundido por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien aseguró que el ataque —en aguas internacionales— fue contra una embarcación operada por una “organización terrorista designada” no identificada y que murieron tres personas. El estudio ubica el ataque en el golfo de Venezuela, una zona de disputa marítima entre Colombia y Venezuela, aunque sin punto exacto confirmado.

Los daños en el casco y la estructura coinciden con un impacto aéreo, según el análisis. Estos hallazgos serían las primeras pruebas físicas de una campaña que, de acuerdo con datos citados, ha destruido 29 embarcaciones y causado más de 100 muertes en el Caribe y el Pacífico oriental. El ejército estadounidense no ha presentado pruebas públicas de que las naves transportaran drogas o pertenecieran a redes criminales.
La aparición tardía de evidencias también expone la lejanía y la débil presencia del Estado en La Guajira, región semiautónoma del pueblo wayú, que habita a ambos lados de la frontera. Pescadores locales hallaron los restos el 8 de noviembre y avisaron a Aristótele Palmar García, inspector de policía wayú. Sin equipo ni apoyo inmediato, los cuerpos fueron enterrados en la playa para evitar que animales los devoraran, siguiendo tradiciones locales.

Más tarde, Medicina Legal confirmó que dos restos humanos fueron exhumados y trasladados a Barranquilla los días 16 y 17 de diciembre, sin autopsias aún. En comunidades cercanas como Castilletes, los paquetes quemados desconcertaron a la gente; una fuente antidrogas dijo no tener registro de ellos. Expertos señalan que en la zona es común el contrabando mixto (marihuana y cocaína) a pequeña escala, no necesariamente ligado a grandes cárteles.
El golpe también fue económico y emocional. Pescadores redujeron salidas por miedo; otros emigraron a ciudades. Hay quienes dejaron redes semanas y quienes reportan drones sobrevolando. Incluso cayó el precio del marisco por supersticiones locales.

“Parecen avioncitos, como pájaros persiguiendo su presa”, resumió un pescador. El mar que alimenta a La Guajira ahora asusta. Y sigue trayendo a la orilla las pruebas de una guerra lejana 😔🌊.
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