Aunque parezca que Disney se “rindió” ante OpenAI al meterle US$ 1.000 millones y soltarle la licencia de sus personajes para Sora, en realidad la movida va por otro lado: la casa del ratón no está regalando nada… está blindándose para el futuro.

A ver, suena rarísimo que la misma empresa que antes te podía demandar por hornear un pastel con la cara de Simba ahora deje que cualquiera juegue con su propiedad intelectual. Y más loco aún que Disney haga esto justo el mismo día que le mandó una carta de cese y desistimiento a Google, acusándolo de infligir derechos de autor a gran escala. Recordemos que hace apenas seis meses también se había aliado con Universal para demandar a Midjourney por hacer justo lo que ahora permitirá con Sora, pero con permiso. Cosas de corporaciones.
La realidad es simple: Disney necesita cubrirse ante el futuro de la inteligencia artificial.
El panorama tecnológico está incierto, los inversionistas se ponen cada vez más nerviosos por los gastos gigantes de OpenAI y otros, pero Disney tampoco se puede quedar fuera si esto termina cambiando por completo cómo la gente crea y convive con el contenido digital.
Y, pues, siendo Disney, encontraron la manera de entrarle sin abrir otro frente legal.

“Seamos conscientes de que se trata de videos de 30 segundos. No estamos hablando de crear cortometrajes ni películas”, dijo Iger. “Esta es una forma de que nosotros, como empresa, realmente proporcionemos experiencias a audiencias especialmente jóvenes que interactúan con nuestros personajes de nuevas maneras.”
(Traducción: Sora no es precisamente Pixar, amigos. Es un juguete para niños. Al menos, por ahora).
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