“Deja atrás tu vida actual”, prometía la publicidad de Victoria Cruises Line (VCL), que vendía la idea del “primer crucero residencial accesible del mundo”. La oferta era tentadora: camarotes por 3,840 dólares al mes, durante un viaje de tres años por 115 países.

Para los australianos Dennis y Taryna Wawn, de Perth, parecía la forma perfecta de jubilarse. Se emocionaron tanto que en 2022 decidieron pagar un depósito de 10 mil dólares. El detalle es que, tres años después, el barco nunca salió… y descubrieron que VCL ni siquiera era dueña ni tenía contrato de arrendamiento del navío.
Ellos no son los únicos. Docenas de personas de distintos países aseguran que la empresa los dejó colgados, sin barco y sin reembolso. Algunos vendieron sus casas, guardaron todas sus pertenencias en bodegas e incluso sacrificaron a sus mascotas pensando que estarían años fuera de casa. 💔
Lo más duro es que, según denunciantes, cuando los clientes empezaron a pedir explicaciones, VCL pospuso la salida varias veces y después comenzó a amenazarlos con acciones legales si se quejaban en redes sociales. La BBC tuvo acceso a correos electrónicos con ese tipo de advertencias.

La compañía, por su parte, afirma que no ha cometido fraude, que los pasajeros sabían las condiciones al contratar y que los reembolsos no proceden porque “no tenían derecho a ellos”. Además, insisten en que siguen necesitando más clientes antes de rentar un barco y por eso continúan publicitando el crucero en Facebook e Instagram.
Mientras tanto, investigaciones en Hungría, Italia y Estados Unidos han revelado una red de empresas fantasma vinculadas a los fundadores de VCL, deudas fiscales por más de 253 mil dólares y contratos modificados de manera retroactiva. Incluso hubo casos en los que supuesta tripulación del sitio web confirmó que nunca fue contratada por la naviera.
“Lo que hizo VCL es repugnante”, señaló Adam Glezer, defensor de consumidores. Por su parte, exclientes como el periodista australiano Graham Whittaker calculan que la empresa ya pudo haber recaudado millones de dólares sin entregar lo prometido.

Hoy, muchos de los afectados ya perdieron la esperanza de recuperar su dinero. Dennis y Taryna, quienes alguna vez soñaron con ver el mundo desde la cubierta de un crucero, confiesan que la experiencia les dejó una marca amarga:
“Era nuestro sueño de retiro, una aventura maravillosa… pero terminó siendo una pesadilla”, dijo Taryna.
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