Guadalajara, una de las sedes principales de la Copa del Mundo 2026, quedó paralizada por los narcobloqueos apenas 109 días antes del inicio del torneo. La violencia obligó a la suspensión del futbol profesional en la entidad, con partidos de la Liga MX cancelados por razones de seguridad, en una jornada que se convirtió en el peor escaparate posible para una ciudad que aspira a recibir a miles de aficionados de todo el mundo.

La FIFA ya había expresado preocupación por la situación de seguridad en Jalisco meses antes, particularmente por la violencia y las fosas clandestinas en la zona metropolitana. En 2025 se exhumaron 240 cadáveres de fosas clandestinas en la región, el doble que el año anterior, la mayoría en Zapopan, Tlajomulco y Tlaquepaque, los municipios que rodean Guadalajara.
Con el Estadio Akron preparado para albergar partidos mundialistas y una afluencia estimada de hasta cinco millones de turistas durante el torneo, los eventos del 22 de febrero plantean dudas serias sobre las garantías que México puede ofrecer. La seguridad de los aficionados, jugadoras y cuerpos técnicos es la prioridad número uno, señalaron fuentes cercanas a la organización.
La Guadalajara mundialista enfrenta en realidad una triple amenaza: la violencia del narcotráfico que este domingo explotó con toda su crudeza, un repunte inesperado de contagios de sarampión con 681 casos registrados en Jalisco en 2026, y la crispación social por el alza a la tarifa del transporte público que entrará en vigor en abril.
El mundo mira a Jalisco y lo que ve no es precisamente la postal de bienvenida que el comité organizador tenía en mente. Quedan poco más de tres meses para demostrar que la violencia de este fin de semana fue una excepción y no la norma, pero el reloj corre en contra.
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