Una nueva tanda de archivos sobre Jeffrey Epstein, difundidos recientemente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, desató una tormenta política en Reino Unido que hoy tiene contra las cuerdas al primer ministro Keir Starmer.

Aunque Starmer nunca tuvo relación directa con Epstein, el escándalo estalló por su decisión de nombrar como embajador británico en Washington a Peter Mandelson, un veterano político laborista que mantuvo una estrecha amistad con el empresario estadounidense incluso después de su condena por delitos sexuales en 2008.
La presión fue tal que el propio Starmer terminó reconociendo el error.
“Me arrepiento de haberlo nombrado. Si hubiera sabido lo que sé ahora, nunca habría estado cerca del gobierno”, dijo en la Cámara de los Comunes, antes de ofrecer disculpas públicas a las víctimas de Epstein.

El problema no quedó ahí. Diputados conservadores y miembros del propio Partido Laborista calificaron la situación como “insostenible”, y algunos ya piden abiertamente la renuncia del primer ministro, en lo que la prensa británica describe como “el mayor escándalo político en décadas”.
Viejos fantasmas y correos comprometedores. 📧🔥
El nombre de Mandelson, apodado desde hace años por la prensa como “el príncipe de las tinieblas”, aparece en correos electrónicos, fotografías y documentos ligados a Epstein. Los archivos revelan que la relación iba mucho más allá de una amistad casual.
Entre los documentos destacan intercambios donde Epstein y Mandelson celebran la salida de prisión del empresario en 2009, además de mensajes que sugieren entrega de información económica confidencial, discusiones sobre rescates financieros en la Unión Europea y hasta movimientos internos para debilitar a líderes del Partido Laborista, incluido Gordon Brown.
También hay registros de transferencias de dinero a la pareja de Mandelson y gestiones para visas internacionales, todo posterior a la condena de Epstein.
Consecuencias políticas en cascada. 🧨
Tras la publicación de los correos, Mandelson renunció a su militancia en el Partido Laborista y dejó la Cámara de los Lores, mientras que la Policía Metropolitana abrió una investigación penal por posible mala conducta en el ejercicio de cargos públicos.

Starmer intentó marcar distancia acusándolo de “traicionar a su país, al Parlamento y al partido”, y anunció medidas para retirarle títulos y cargos. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.
De acuerdo con YouGov, 63% de los británicos desaprueban actualmente a Starmer, frente a solo 18% que lo respaldan, cifras que han alimentado comparaciones con los errores que hundieron políticamente a Boris Johnson.
Desde la oposición y desde su propio partido, las voces coinciden: el nombramiento de Mandelson fue un error catastrófico. Y aunque el primer ministro prometió hacer pública la investigación interna previa a la designación del embajador, la crisis no se enfría.

Hoy, en Westminster, el mensaje es claro: el escándalo Epstein no solo salpicó a viejas élites, también puso en jaque al actual gobierno británico… y el reloj político de Starmer ya corre en su contra ⏳👀.
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