El aumento sostenido del salario mínimo en México podría dejar obsoletas las estructuras salariales de muchas empresas para 2028. Si se mantiene el ritmo actual de incrementos anuales de 12%, las remuneraciones profesionales quedarán rebasadas y las compañías deberán redefinir su propuesta de valor para conservar talento y competitividad, advirtieron especialistas de la consultora AON.

Rocío Hernández, directora de Consultoría en Talento y Compensación de AON, señaló que las empresas enfrentan un escenario complejo donde deberán acelerar sus estrategias de compensación y prestaciones si no quieren quedar por debajo de los nuevos parámetros salariales. Explicó que, aunque los incrementos se dirigen al personal que percibe el salario mínimo, los efectos se extenderán a todos los niveles, incluyendo puestos técnicos y profesionales.
De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Compensación para Personal No Sindicalizado y Sindicalizado 2026, las empresas que ofrecen salarios superiores a la ley ya perciben el impacto de la acelerada alza del mínimo. Mientras los empleados no sindicalizados verán aumentos promedio de 5.4%, los sindicalizados alcanzarán 6.4%, un margen insuficiente frente al avance del salario base nacional.
Carlos López Jones, director de Tendencias Económicas y Financieras, advirtió que de seguir la tendencia, el salario mínimo llegaría a 15 mil pesos mensuales para 2030 y a 22 mil 500 para 2050. Esto, afirmó, generará presiones financieras en el mercado formal y fomentará la expansión de un mercado negro laboral, donde millones de personas quedarían sin acceso a prestaciones ni seguridad social.
Las consultoras de AON coincidieron en que, para evitar ese colapso, las empresas deberán rediseñar sus tabuladores de sueldos, adoptar modelos flexibles e incorporar esquemas de compensación variable. Hernández enfatizó que los tradicionales tabuladores rígidos —donde todos los empleados de una categoría ganan lo mismo— ya no son sostenibles, y que será necesario establecer rangos con mínimos, medios y máximos, ajustados al desempeño y a las habilidades del trabajador.
Además, los expertos subrayaron que las compañías deberán anticiparse a las condiciones del mercado y a la inflación proyectada, que podría alcanzar 5% en 2026. En regiones con escasez de talento o alta demanda de mano de obra especializada, los incrementos podrían llegar hasta 11%, una cifra que presionará los presupuestos empresariales y complicará la planeación financiera.
El reto, concluyeron, será diseñar una estrategia de compensación integral que permita atraer y retener talento sin poner en riesgo la estabilidad económica de las compañías. De lo contrario, la velocidad del aumento salarial superará la capacidad de respuesta del sector privado, provocando que el salario mínimo —emblema de justicia laboral— se convierta, paradójicamente, en una amenaza para la estructura productiva del país.
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