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El sistema más poderoso… en papel. Por qué las defensas aéreas de #Venezuela no detuvieron el ataque.  💥

En 2013, Nicolás Maduro prometía: “Nuestra patria es inexpugnable, nadie podrá tocar ni un centímetro del cielo sagrado”, asegurando que Venezuela contaba con el sistema antiaéreo más poderoso del mundo. Sin embargo, la realidad mostró otra cosa.

Desde 2009, Caracas había adquirido sistemas como el S-300 y el Buk-M2 rusos, además de misiles de corto alcance Pechora e Igla-S, sumados a radares chinos y drones iraníes. En teoría, este arsenal podía cubrir blancos a 150 kilómetros (S-300) y destruir aviones y helicópteros de baja altura con los Igla-S.

Pero expertos como Mark Cancian, coronel retirado de EE.UU., reconocen: “En papel son lo mejor de lo mejor, pero contra fuerzas de primer nivel como EE.UU., no son más que chatarra”. Thomas Withington, del Real Instituto de Servicios Unidos del Reino Unido, coincidió: los sistemas rusos funcionan bien en conflictos como Ucrania, pero han fallado ante Israel y ahora frente a EE.UU.

Factores que jugaron en contra.

Varios expertos apuntan a una combinación de problemas:

  • Superioridad tecnológica estadounidense: con guerra electrónica, interferencias y ataques cibernéticos que inutilizaron radares y comunicaciones.
  • Errores de ubicación: muchas baterías estaban al aire libre, visibles desde carreteras y bases, lo que facilitó su destrucción.
  • Entrenamiento insuficiente: la preparación de los militares venezolanos probablemente fue baja, reflejada en la mala colocación de los sistemas.
  • Doctrina militar enfocada en seguridad interna: según el general Hebert García Plaza, la FANB estaba lista para resistencia interna, no para enfrentamientos convencionales con un ejército extranjero.

Además, las dificultades económicas y la corrupción contribuyeron a que parte del equipamiento no estuviera operativo. Andrei Serbin Pont, analista internacional, señalaba que hay “una gran discrepancia entre lo que Venezuela tiene en teoría y lo que realmente funciona”.

Historias desde el terreno.

Militares sobrevivientes narraron lo rápido que fue todo. El sargento mayor Ricardo Salazar contó a Telesur que apenas intentó usar sus Igla-S, una bomba cayó junto a él y lo dejó inconsciente. Otro soldado comentó que no dio tiempo de contraatacar, los estadounidenses se movieron demasiado rápido.

Imágenes posteriores muestran baterías Buk-M2 destruidas, cerca de pistas y carreteras, lo que evidencia que la supervisión y el camuflaje fueron insuficientes.

Lo que queda y el futuro.

A pesar del golpe, el sistema venezolano no está totalmente liquidado. Aún hay lanzaderas de cohetes, drones operativos y aviones Sukhoi 30-MK2.

Sin embargo, expertos coinciden en que el liderazgo militar tendrá que revisar toda la estructura. Hasta ahora, se ha confirmado la remoción del general Javier Marcano Tábata, y hay rumores sobre cambios en el Comando de Defensa Aeroespacial Integrado (CODAI).

Withington resumió: “EE.UU. quiso destruir todo el sistema, pero aún quedan armas y capacidad de reacción; lo que pasó obliga a una revisión profunda”.

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Autor Redacción Amaneciendo

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