La apreciación del peso frente al dólar, que volvió a colocar a la moneda mexicana en el centro de la conversación financiera internacional, no es necesariamente una buena noticia para todos. Analistas y especialistas advierten que la fortaleza cambiaria tiene un costo directo para millones de hogares y para el motor exportador del país: las remesas rinden menos y las empresas que venden al exterior reciben menos ingresos en moneda local.

El impacto no es marginal. De acuerdo con el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, uno de cada 10 adultos en México recibe remesas, lo que hace que cualquier apreciación sostenida afecte de inmediato la economía cotidiana de una parte considerable de la población. En la otra cara, el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior estima que el comercio exterior equivale a aproximadamente 75% del PIB nacional, por lo que un peso caro puede convertirse en un freno para la competitividad.
BBVA México ha señalado en diversos análisis que cuando el peso se fortalece, las familias que reciben dólares desde Estados Unidos obtienen menos pesos al cambiarlos. No se trata de una percepción: entre julio de 2024 y julio de 2025 el valor en pesos de las remesas cayó 4.8% en términos reales como resultado directo de la apreciación cambiaria, en un rubro que representa alrededor de 4% del PIB.
En paralelo, el sector exportador enfrenta una presión evidente. Economistas de Monex explican que un dólar debilitado y un peso fuerte encarecen la producción nacional medida en moneda extranjera, reduciendo la competitividad de los productos mexicanos en el mercado internacional. El efecto suele repetirse: exportar se vuelve menos atractivo, importar se vuelve más barato y el déficit comercial tiende a ampliarse.
En ese sentido, la apreciación puede alterar los incentivos de las empresas orientadas al comercio global, justo en una etapa donde México depende fuertemente de sus ventas al exterior para sostener crecimiento y empleo. Un peso fuerte se ve bien en los titulares, pero en la economía real golpea la rentabilidad de exportadores, presiona márgenes y afecta decisiones de inversión.
La moneda mexicana reactivó la narrativa del superpeso al cerrar este miércoles en 17.45 unidades por dólar, su mejor nivel desde mayo de 2024. Esa racha provocó incluso que Banamex ajustara sus proyecciones, anticipando un tipo de cambio por debajo de 19 pesos en los próximos dos años, reflejando un mayor apetito por riesgo y tasas elevadas.
Los especialistas de Banamex revisaron a la baja sus estimaciones y ahora esperan un cierre de 18.36 pesos por dólar en diciembre de este año y 18.73 para 2027. Aunque estas cifras pueden sonar positivas desde la óptica financiera, los análisis advierten que el costo social y productivo no es menor: mientras el peso se fortalece, miles de familias reciben menos dinero por el mismo esfuerzo migrante y la industria exportadora cobra menos por cada dólar generado.
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