#AliciaMateos, de 50 años, quien por cierto sigue luchando por su vida, se convirtió en #heroína sin capa cuando protegeó con su propio cuerpo a su nieta durante una #explosión en #Iztapalapa. La #bebéAzuleth, de apenas año y medio, sobrevivió gracias a ella, aunque Alicia sufre quemaduras en el 90% de su cuerpo.

Alicia trabaja como checadora en las combis que paran cerca del puente de La Concordia. Cada día lleva consigo a la pequeña porque no tiene otra opción: el acceso a guarderías públicas es limitado y, en muchos casos, las empresas ni siquiera consideran esta necesidad. Según datos, 6 de cada 10 empleadores ignoran la importancia de un espacio seguro para los niños mientras sus familias trabajan.
Lo que pasó con Alicia es un ejemplo claro de esa red de cuidados invisibilizada que mantiene a flote al país: mujeres que, día a día, cargan con la responsabilidad de criar, trabajar y sobrevivir al mismo tiempo. Y mientras ella pelea por su vida en el hospital, hace apenas unos días, Mariana Rodríguez, de Nuevo León, era aplaudida como “ejemplo de maternidad” por llevar a su hija a un evento político por el Día de la Policía.
Eso nos muestran como “maternidad empoderada”: blanca, mediática y llena de privilegios, mientras mujeres como Alicia ponen el cuerpo literalmente, trabajan el doble y aún así no tienen garantizado lo mínimo: un lugar seguro donde dejar a sus hijas e hijos.
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