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Entre #gorilas, polémicas y un crimen sin resolver: la intensa historia de #DianFossey.🦍🌫️

Dian Fossey no parecía la candidata ideal para liderar el estudio más ambicioso sobre gorilas de montaña. No era zoóloga titulada, trabajaba como terapeuta ocupacional, sufría enfisema pulmonar y, para colmo, le tenía miedo a las alturas. Aun así, su determinación y amor por los animales terminaron cambiando la historia de la conservación.

En 1967, con 35 años, dejó Estados Unidos y se instaló en las montañas del Parque Nacional de los Volcanes, en Ruanda, donde fundó el Centro de Investigación Karisoke. Muy pronto entendió que los gorilas estaban en peligro real: su hábitat se reducía y la caza furtiva avanzaba sin freno. Para Fossey, observar no era suficiente: había que protegerlos.

Su vínculo con los gorilas fue más allá de la ciencia. Imitaba sus gestos, sonidos y posturas para ganar su confianza. Aprendió, por ejemplo, que golpearse el pecho no era buena idea y que los sonidos guturales de “satisfacción” ayudaban más. Gracias a esa convivencia, derribó el mito de que los gorilas eran violentos, mostrando al mundo que eran animales pacíficos y sociales.

Su trabajo llamó la atención del reconocido paleoantropólogo Louis Leakey, quien ya había impulsado los estudios de Jane Goodall. Leakey creía que mujeres sin formación científica rígida podían observar a los primates con mayor apertura y paciencia. Fossey fue prueba de ello.

El gran escaparate mundial llegó en 1979, cuando David Attenborough y la BBC documentaron su trabajo en la serie Life on Earth. En ese momento, los gorilas de montaña estaban al borde de la extinción, y las imágenes grabadas en Ruanda se volvieron históricas. Attenborough llegó a decir que mirar a un gorila era una de las experiencias más profundas que había vivido.

Pero no todo era admiración. Fossey se volvió una figura controvertida. En su lucha contra los cazadores furtivos, fue acusada de retener e interrogar intrusos, incendiar casas y hasta fingir magia negra para ahuyentar amenazas. Para algunos colegas, su pasión la llevó a volverse radical y difícil de tratar.

Incluso chocó con iniciativas de conservación más amplias, como el Proyecto Gorila de Montaña, que apostaba por educación y turismo controlado. Fossey se oponía: creía que los gorilas debían ser protegidos solo por existir, sin convertirlos en atractivo turístico.

Aun con las críticas, su impacto fue innegable. Logró visibilizar el riesgo extremo que enfrentaban los gorilas y despertó un interés global por su conservación.

En 1983, su libro Gorillas in the Mist atrajo a Hollywood. Sin embargo, no alcanzó a ver su historia en el cine. La noche del 26 de diciembre de 1985, Dian Fossey fue asesinada con un machete en su cabaña de Karisoke. Tenía muchos enemigos y, hasta hoy, el crimen sigue rodeado de misterio.

Un tribunal ruandés condenó en ausencia a Wayne McGuire, su asistente, quien siempre se declaró inocente. Otro trabajador fue acusado y murió en prisión. Para colegas como Ian Redmond, Fossey estorbaba a intereses económicos ligados al tráfico ilegal y la explotación de la zona.

Tres años después de su muerte, la película “Gorilas en la niebla” llevó su vida a la pantalla grande, con Sigourney Weaver, quien ganó el Globo de Oro por su interpretación. La cinta fue nominada a cinco premios Oscar y consolidó el legado de Fossey.

Dian Fossey fue enterrada en las montañas de Virunga, junto a los gorilas que protegió, incluido su favorito, Digit, asesinado por cazadores furtivos. En su tumba quedó grabada una frase que resume su vida:

“Nadie amaba tanto a los gorilas” 🖤🦍

Una historia intensa, incómoda y poderosa… como ella misma.

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Autor Redacción Amaneciendo

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