Una noche de diciembre de 2022, la tranquilidad de una casa en #Liubliana, capital de #Eslovenia, se rompió con la irrupción de un grupo armado. En cuestión de minutos, una #pareja fue arrestada y sus dos hijos quedaron bajo el cuidado del Estado. Pero nadie, ni siquiera esos niños, se imaginaban la verdad que estaba a punto de salir a la luz: sus padres eran agentes encubiertos rusos.

Dos años después, el 1 de agosto de 2024, la historia dio un giro inesperado cuando la familia regresó a Rusia en un vuelo especial. Allí, los niños —Sofía y Daniel— se enteraron por fin del secreto mejor guardado de sus vidas. Lo supieron en pleno vuelo, a miles de metros de altura: su infancia en Argentina, su vida en Eslovenia, ¡todo había sido una fachada! 😱
Y para hacerlo más surreal… el que los recibió en Moscú, con flores en mano y acento marcado, fue ni más ni menos que Vladimir Putin.

Una mentira bien armada.
Los supuestos Ludwig Gisch y María Mayer en realidad se llamaban Artem Viktorovich Dultsev y Anna Valerevna Dultseva, espías rusos infiltrados. Durante años vivieron en Argentina como cualquier otra familia, incluso tuvieron a sus hijos en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Pero esa vida de novela escondía una misión.
Según el periodista argentino Hugo Alconada Mon, experto en temas de inteligencia, esta pareja fue parte de una red de “ilegales”, como se conoce a los espías que operan sin cobertura diplomática. No tenían ningún vínculo oficial con embajadas o consulados. Fingían ser personas comunes, pero tenían al menos cuatro identidades diferentes cada uno.
Todo por “la leyenda”.
Los espías no solo crean una historia, crean una “leyenda”, como se le llama al montaje completo de su identidad falsa. María, por ejemplo, decía que venía de Grecia pero creció en México. Ludwig aseguraba haber nacido en Namibia, con una madre argentina ya fallecida. Incluso presentaron documentos reales… pero modificados o robados de personas ya muertas, como el acta de una niña enterrada en la Chacarita.
¿El objetivo? Ganarse la ciudadanía argentina y construir una historia lo bastante creíble como para pasar desapercibidos… y luego dar el salto a Europa.

El secreto llegó a la prensa.
La bomba explotó en enero de 2023 cuando la prensa internacional dio a conocer el caso. En ese momento, los padres de Sofía y Daniel ya estaban siendo procesados por la justicia eslovena. Fue entonces que Alconada Mon se metió de lleno a investigar, incluso publicó un libro titulado “Topos”, donde desmenuza cómo Moscú montó esta operación desde Argentina.
¿Por qué América Latina?
Según el periodista, América Latina se volvió tierra fértil para crear estas fachadas, ya que es más fácil conseguir documentación, las condiciones de control migratorio son más flexibles y, además, hay recursos estratégicos de por medio. Él asegura que hay rastros de espías rusos en Argentina, Uruguay, Chile, Colombia, México y más.
El periodista ruso Andrei Soldatov, especialista en espionaje, lo confirma: “Latinoamérica es ideal para empezar una leyenda. Desde ahí, los agentes pueden luego operar en países más vigilados como los europeos”.
No eran tan discretos como parecía…
En Buenos Aires, Artem y Anna vivieron en el barrio de Belgrano. Parecían gente amable y reservada. Incluso su hija solía regalarle dulces al portero del edificio. Pero había detalles raros: antenas instaladas en el techo sin ningún tipo de registro oficial, tanto en su casa como en su oficina. ¿Coincidencia? Alconada Mon tiene su sospecha: ambas estaban alineadas en una dirección directa a la oficina comercial de Rusia en Buenos Aires. 🤔
Información desde el patio del cole.
Nada era al azar. Seleccionaban cuidadosamente los colegios de sus hijos, no solo por calidad educativa, sino por quiénes eran los padres de los otros alumnos. En un caso, María envió a Moscú información sobre tres madres que trabajaban en sectores clave del petróleo y gas, todas relacionadas con Vaca Muerta, una de las reservas más importantes del mundo.
Ya en Eslovenia, la historia se repitió: identificaron al padre de un compañero como el jefe de la agencia energética más poderosa de la Unión Europea.
El día que todo se vino abajo.
Aunque todavía no está claro cómo fueron descubiertos, hay dos teorías fuertes: o los delataron desde adentro, o cayeron por contacto con otro sospechoso ya bajo vigilancia. Una vez expuestos, se inició un complejo intercambio de espías entre Rusia y Occidente, uno de los más importantes desde la Guerra Fría.
Curiosamente, no era la primera vez que regresaban a Rusia. En 2018, aprovecharon el Mundial de Fútbol para viajar con la excusa de alentar a Argentina. Allí, quizá se reencontraron con sus superiores o recibieron nuevo equipo. En esa ocasión, la hija —argentina de corazón— lloró por la derrota de la albiceleste. Un momento simbólico del choque entre identidades.

¿Y ahora?
Los Dultsev están de vuelta en Rusia, condecorados y reconocidos. Pero hay muchos cabos sueltos. ¿Quién consiguió el acta de nacimiento robada? ¿Quiénes fueron los testigos falsos del casamiento? Todo apunta a que hubo una red de apoyo local en Argentina. La pista más inquietante: alguien consiguió los documentos de forma presencial, sin dejar huellas tecnológicas, y en una oficina sin cámaras.
Alconada Mon aún intenta contactarlos. Les escribió, buscó al servicio secreto ruso, incluso habló con diplomáticos. Nadie respondió.
Si algún día llegara a tenerlos enfrente, el periodista ya tiene claro qué les diría:
“Te escucho. Contame todo. Después veo qué es verdad y qué no”.
¿Tú qué harías si descubrieras que tu infancia fue parte de una misión de espionaje internacional? 😮
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