“Vi cuerpos sin cabeza, gente completamente desfigurada. Fue una escena que no voy a olvidar nunca”, cuenta Bruno Itan, fotógrafo nacido en Recife y criado en el Complexo do Alemão, una de las favelas más conocidas de Río de Janeiro.

La madrugada del 28 de octubre, su celular no paraba de sonar: los vecinos advertían que algo grande se estaba desatando. Horas después, Río vivía la operación policial más letal registrada desde 1990, con más de 120 muertos y más de un centenar de detenidos, según datos oficiales de la Policía Civil y Militar.
La llamada Operación Contención, parte de una estrategia permanente del gobierno estatal para frenar al grupo Comando Vermelho (Comando Rojo), fue calificada por el gobernador Cláudio Castro como “un éxito” y “un duro golpe al crimen”. Sin embargo, dentro de las comunidades de Alemão y Penha, muchos la vivieron como una tragedia.
“Aquí se aplicó la pena de muerte”.
Bruno Itan no lo duda: “En Brasil no hay pena de muerte, pero ayer sí la hubo. Los policías decidieron quién vivía y quién moría”.

Con años de experiencia documentando la vida en las favelas y fundador del proyecto Olhar Complexo, Itan dejó su casa en Rocinha en cuanto se enteró de la magnitud del operativo.
Cuando llegó, encontró autos calcinados, calles bloqueadas y un ambiente de terror. En el Hospital Getúlio Vargas, los cuerpos llegaban uno tras otro. En ese momento, ya se contaban 64 muertos, entre ellos cuatro policías.
Búsqueda entre el miedo y el dolor.
Durante la noche, familias enteras salieron a buscar a sus desaparecidos en la sierra de la Misericordia, que separa los complejos de Penha y Alemão.
“Las madres cargaban los cuerpos envueltos en sábanas hasta la plaza São Lucas”, recuerda el fotógrafo. “Primero llegaron unos veinte… luego 25, 30, 40, 45. No paraban. Cada cuerpo representaba una vida, sin importar lo que hubieran hecho”.

En total, los vecinos trasladaron al menos 55 cuerpos a la plaza. Este acto provocó una reacción inmediata: el secretario de la Policía Civil, Felipe Curi, anunció una investigación para determinar si hubo “fraude procesal” al mover los cadáveres. Según él, las imágenes mostraban cuerpos “que aparecieron primero con chalecos antibalas y después en ropa interior”.
La brutalidad que no se borra.
“Esto no es normal”, insiste Itan. “Probablemente sea la operación más sangrienta en la historia del país”.
Entre las escenas que lo marcaron estaban los cuerpos mutilados: “Sin cabeza, sin rostro, sin brazos… muchos tenían heridas de arma blanca. El olor a muerte todavía lo traigo en la mente”, confiesa.
El fotógrafo, que trabajó para el gobierno de Río entre 2011 y 2017, asegura que el dolor de las familias fue insoportable. “Las madres se desmayaban, las embarazadas lloraban… y uno pensaba: podría haber sido yo”.
Entre el orgullo oficial y las críticas sociales.
Mientras el gobernador Cláudio Castro celebraba la “efectividad” del operativo, organismos de derechos humanos lo calificaban de masacre, y la Fiscalía Federal exigía al gobierno presentar pruebas de que se respetaron los protocolos establecidos por el Supremo Tribunal Federal (STF), incluyendo el uso de cámaras corporales y presencia de ambulancias.

La Fiscalía también pidió al Instituto Médico Forense (IML) los informes de autopsia de las víctimas para esclarecer lo ocurrido.
“Todos perdimos”.
Bruno Itan, quien ya había cubierto tragedias como la operación de Jacarezinho en 2021, con 28 muertos, asegura que nunca había visto algo tan devastador.
“Pensé que ya había visto lo peor… pero esto lo supera todo”, dice con cansancio.

Para él, el verdadero problema sigue siendo la raíz: “En las favelas, la seguridad siempre se ha basado en la fuerza, nunca en la educación, la salud o la cultura. Mientras eso no cambie, este ciclo de violencia no se va a romper”.
Y remata con una frase que retumba:
“Si la sociedad cree que ganó con esto, se equivoca. Perdimos todos.” 💔
amaneciendo.com.mx Tu ventana al mundo