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#GuillermoDelToro revive a ‘#Frankenstein’ y nos invita a mirar al #monstruo con otros ojos.

Han pasado más de 200 años desde que Mary Shelley escribió “Frankenstein”, y su criatura ha pasado por tantas transformaciones que ya casi nadie recuerda su esencia. Con cada adaptación, el monstruo se volvió más una figura de feria —verde, cuadrada y torpe— que el reflejo de la tragedia humana que Shelley imaginó. Pero eso está por cambiar con la nueva versión de Guillermo del Toro, que llega este fin de semana a Netflix 🧟‍♂️.

El reto del director mexicano no es menor: enfrentarse no solo al libro original, sino también a toda la cultura que lo deformó con el paso de las décadas. ¿Cómo reconciliar al ser sensible de Shelley con el monstruo de la cultura pop?

La historia de Shelley, cargada de emociones intensas y dilemas existenciales, siempre fue más que un cuento de terror. En realidad, explora la soledad, el rechazo y la necesidad de amor, mostrando que el verdadero horror puede estar en la indiferencia humana. Su criatura, más que un villano, es un hijo abandonado que busca entender su lugar en el mundo.

Sin embargo, el cine cambió eso desde 1931, cuando James Whale dirigió la clásica película con Boris Karloff, dándole al monstruo su icónica cabeza cuadrada y los tornillos al cuello. Esa versión lo marcó desde el principio como una creación “defectuosa”, incapaz de pensar o hablar con claridad, condenada a ser destruida. Pero Karloff logró algo poderoso: a través de su mirada triste, transmitió la humanidad y el dolor del ser incomprendido.

Después, el cine fue quitándole sensibilidad a la criatura para enfocarse en la sangre y el espectáculo. En los años 50 y 60, Hammer Films convirtió a Frankenstein en una serie de películas llenas de vísceras y locura científica. Luego vinieron versiones más extravagantes: desde “Carne para Frankenstein” (1973), donde el doctor intenta crear una raza perfecta, hasta “Victor Frankenstein” (2015), que volvió la historia casi una película de colegas. Así, el público terminó acostumbrado al monstruo torpe y brutal, olvidando al ser que reflexionaba sobre su existencia.

Ante eso, Del Toro decidió volver a las raíces. Aunque muchos críticos adelantaron que su versión sería más un drama emocional que una película de miedo, el propio director aclaró que su obra no es de terror, sino una historia profundamente humana, inspirada en el espíritu de Shelley. La llamó “el libro adolescente por excelencia”, porque, al final, habla de conflictos entre padres e hijos, del deseo de pertenecer y del dolor de no ser comprendido.

Visualmente, la cinta conserva la estética oscura y romántica del cine clásico, con colores saturados, guiños al estilo steampunk y homenajes a las viejas producciones de Hammer Films. Del Toro también recupera la inteligencia y sensibilidad de la criatura, interpretada por Jacob Elordi, quien ofrece una versión más humana, aunque igualmente imponente. La historia, como siempre en el universo del director, se retuerce con personajes nuevos y giros emocionales inesperados —incluyendo a Christoph Waltz en un papel hecho a su medida—.

La gran pregunta es: ¿hasta qué punto una adaptación debe ser fiel a su origen? Del Toro demuestra que se puede alterar la historia y, aun así, mantener su esencia. Como prueba, muchos recuerdan películas que no siguieron al pie de la letra la novela pero sí captaron su alma, como El espíritu de la colmena (1973), que exploraba la inocencia infantil y el miedo en plena posguerra española a través de la proyección del Frankenstein de Whale.

Y es que, al final, cada versión de Frankenstein revela algo distinto sobre nosotros mismos. Las reinterpretaciones pueden fallar o brillar, pero todas comparten la misma búsqueda: entender la condición humana y el deseo de crear, aunque duela.

Del Toro cierra su película con una cita de Lord Byron: “Y así, el corazón se romperá, pero vivirá roto.” 💔 Una frase que encaja perfecto, porque el monstruo —como nosotros— sigue vivo, transformándose con cada generación, esperando ser visto más allá de sus cicatrices.

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Autor Redacción Amaneciendo

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