Aunque ya pasaron dos años de guerra y existe un alto al fuego entre Israel y Hamás, el grupo islamista no solo sobrevivió: también está recuperando terreno y reforzando su poder en varias zonas de Gaza, justo donde las fuerzas israelíes se retiraron desde octubre como parte del acuerdo de tregua.

De volada, las fuerzas policiales de Hamás volvieron a patrullar, sus cuadros armados retomaron puestos de control y —según empresarios locales— funcionarios del grupo ya están cobrando cuotas e impuestos a mercancías caras que entran al territorio, como computadoras y paneles solares.
Pese a las fuertes pérdidas durante la guerra —incluidos altos mandos, miles de combatientes y buena parte de su arsenal— Hamás sigue operando. Hoy controla menos de la mitad de Gaza, con Israel ocupando el resto; aun así, el movimiento islamista logró reorganizarse, según funcionarios de seguridad israelíes y un integrante de los servicios de inteligencia árabes.

El exdirigente del Shin Bet, Shalom Ben Hanan, fue claro: “Hamás sufrió un duro golpe, pero no fue derrotada. Sigue en pie”.
Esta recuperación inesperada complica los planes del gobierno de Donald Trump, que busca una Gaza completamente desmilitarizada y sin presencia de Hamás, destruyendo por completo túneles y puntos de producción de armas.
Funcionarios consultados aseguran que todavía existen 20,000 combatientes activos, además de una amplia red de túneles que no fue destruida, lo que les permite esconder armamento más ligero como fusiles automáticos, morteros y granadas propulsadas por cohetes.
El general Erez Winner, quien ocupó un alto cargo en el ejército israelí hasta marzo, señaló que Hamás está reemplazando rápidamente a sus comandantes caídos en combate.
También se ha notado la presencia del grupo en tareas de seguridad interna. Residentes afirman que sus policías han impedido saqueos de ayuda humanitaria y casas abandonadas, aunque reconocen que Hamás luce más debilitado que antes de octubre de 2023.

Para Nidal Kuhail, de 31 años, que vive en la ciudad de Gaza, la intención es clara: “Quieren demostrar que siguen al mando y que mantienen el orden”.
No obstante, el grupo también ha recurrido a métodos brutales. En octubre, integrantes de Hamás ejecutaron a ocho hombres en plena vía pública, como venganza por el asesinato de militantes durante la guerra. Y aunque no se confirmó su participación, celebraron la muerte de Yasser Abu Shabab, líder de una milicia palestina respaldada por Israel, durante un enfrentamiento en el este de Rafa.
Con la tregua, el flujo de mercancías aumentó significativamente: cientos de camiones con ayuda humanitaria y productos comerciales entran cada día a Gaza. A pesar de las acusaciones de empresarios, el gobierno de Hamás —a través de Ismail Thawabteh— negó estar cobrando impuestos por estos productos.
Aun con estos movimientos, Hamás no recuperó el poder que tenía antes del 7 de octubre de 2023, cuando controlaba Gaza “de punta a punta”. La mitad del territorio donde aún gobiernan está devastada, y tanto Israel como el gobierno de Trump mantienen bloqueado cualquier intento de reconstrucción mientras Hamás conserve control.
A nivel internacional, también hay más presión: se exige que el grupo entregue sus armas como condición para un nuevo gobierno respaldado por una fuerza internacional de estabilización.
Desde Hamás, Husam Badran dijo que están dispuestos a que un comité de tecnócratas palestinos administre Gaza, advirtiendo que dejar un vacío de poder sería “la decisión más peligrosa”. Añadió que hablar de desarme “no tiene valor” sin una retirada total de Israel y el establecimiento de un Estado palestino en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental.
Analistas como Wesam Afifa coinciden en que para Hamás, renunciar a las armas sería renunciar a su identidad, aunque no descartan cierta flexibilidad si eso les permite seguir influyendo en el futuro de Gaza y lograr una tregua prolongada.
Aun así, líderes israelíes han sido tajantes. Benjamín Netanyahu afirmó: “Este territorio será desmilitarizado y Hamás será desarmado. Por las buenas o por las malas”.

Al interior del gobierno israelí hay molestia: consideran que, con cada día de alto al fuego, Hamás se reacomoda y fortalece, haciendo más difícil instalar una alternativa que lo sustituya.
El legislador Moshe Tur-Paz reconoció que el resurgimiento del grupo ocurrió “muy rápido”, justo cuando se empezaba a hablar de un nuevo gobierno para Gaza.
Finalmente, Ben Hanan advirtió que, si Israel baja la guardia, Hamás podría convertirse de nuevo en una amenaza seria en el futuro: “La próxima batalla podría ser dentro de 10 o 20 años… pero podría ser mucho peor que la del 7 de octubre”.
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