Huehuetla enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia tras las lluvias que azotaron el municipio hace poco más de dos semanas, dejando casas destruidas, escuelas sepultadas y cientos de familias damnificadas.

Vecinos relatan con desolación cómo el agua, en cuestión de minutos, alcanzó niveles nunca antes vistos, arrasando con muebles, colchones y hasta negocios. “Jamás habíamos visto algo así”, comenta Anita Domínguez, quien perdió su hogar y su local en cuestión de horas, aunque agradece estar viva y resalta que la comunidad sigue unida para salir adelante.
Las imágenes que circulan muestran calles cubiertas de lodo, autos inservibles y maquinaria trabajando sin descanso para despejar caminos y limpiar escombros que aún bloquean avenidas. Además, un centro educativo quedó totalmente sepultado bajo los restos de la inundación, evidenciando la magnitud del desastre.
La respuesta de fuerzas armadas, sociedad civil y gobierno ha sido clave: Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Guardia Nacional trabajan intensamente para restablecer servicios básicos, como electricidad y acceso por carretera. A pesar de los avances, muchas familias siguen sin ropa, cobijas, estufas ni alimentos, por lo que los habitantes hacen un llamado urgente para que continúe la ayuda.

“En este caos seguimos tratando de reanimarnos nosotros mismos”, expresó Vero Portugal, reflejando el espíritu de lucha de los huehuetlenses frente a la devastación.
La comunidad insiste en que la ayuda no puede detenerse, mientras siguen lidiando con los efectos de un desastre que transformó su vida de un día para otro.
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