Después de meses de estira y afloja, #Japón y #EstadosUnidos por fin lograron cerrar un acuerdo comercial que, para muchos, parecía casi imposible. Y lo hicieron a tan solo días de que entraran en vigor los temidos #aranceles del 25% que había prometido #DonaldTrump.

El encargado de esta misión maratónica fue Ryosei Akazawa, quien partió desde Tokio rumbo a Washington mientras su país enfrentaba una tormenta política tras una elección en la que el Partido Liberal Democrático se fue en picada, quedando como minoría en ambas cámaras del Parlamento.
Mientras tanto, el reloj avanzaba hacia el 1 de agosto, fecha límite para llegar a un trato con la administración Trump. El riesgo era enorme: un golpe del 25% de aranceles a productos nipones, incluyendo autos y piezas, algo que habría sacudido fuerte a la economía japonesa.
Pero sorpresa, la octava ronda de charlas fue la buena. El mismísimo Trump soltó la noticia en redes sociales con su característico entusiasmo: “acuerdo enorme con Japón”. 🇺🇸 A cambio de que Japón abra su mercado a más arroz y autos estadounidenses, inviertan 550 mil millones de dólares en EE. UU. y bajen algunas barreras, las exportaciones niponas enfrentarán un arancel del 15% —mucho mejor que el 25% anunciado inicialmente.
Akazawa no tardó en responder con un “#misióncumplida” y dejó claro que la jugada fue gracias a una táctica que él llama de “prisa lenta”, o sea, negociar con calma pero con firmeza. Y sí que le salió la jugada.

Según los analistas, el trato fue más amable de lo que se esperaba por parte de Trump, sobre todo considerando que Japón venía débil tras el bajón electoral. Pero también es cierto que con los plazos encima y el riesgo de caos económico, había que ceder algo para salvar lo importante.
Aunque algunos dentro del mismo partido gobernante sugerían que se dejara pasar algo de aranceles en los autos con tal de proteger otras industrias, la meta de Akazawa era clara: armar un paquete que permitiera a Trump presumir un triunfo sin dejar a Japón mal parado. 🎯
Y lo logró. Japón se comprometió a eliminar ciertas pruebas técnicas para autos estadounidenses, aceptó el arancel del 15% en sus exportaciones automotrices y buscará cómo importar más arroz gringo sin tocar sus reglas internas.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Ahora el reto para el primer ministro Shigeru Ishiba, gran aliado de Akazawa, es que este acuerdo no se vea como una “entregada”. Incluso hay rumores de que podría renunciar en unas semanas, aunque su partido ya salió a decir que ni se ha hablado de eso.
Este pacto, aunque no perfecto, representa un alivio económico y político para Japón. Como bien dijo David Boling, analista de Eurasia Group, “no es ideal, pero es mejor de lo que todos pensaban ayer”.
La diferencia con otros tiempos es clara. Con Shinzo Abe, Japón tenía una relación directa con Trump desde una posición fuerte. Ahora, tocó jugar con las cartas que había… y al menos, no se perdió la partida.
amaneciendo.com.mx Tu ventana al mundo