Durante más de un año, en Chile una pregunta se repitió como eco incómodo: ¿dónde está Julia del Carmen Chuñil Catricura? La mujer mapuche de 73 años desapareció el 8 de noviembre de 2024 en la comuna de Máfil, Región de Los Ríos, y su ausencia pronto se convirtió en bandera de lucha para organizaciones sociales y medioambientales.

Julia fue presentada como defensora del bosque nativo en una zona marcada por el conflicto histórico entre el Estado chileno y el pueblo mapuche, lo que llevó a que su caso fuera interpretado como un posible crimen político. Incluso el presidente Gabriel Boric expresó públicamente su preocupación por la desaparición.
Durante meses, sus propios hijos encabezaron marchas, colocaron carteles con su rostro y apuntaron a un empresario vecino, dueño de predios cercanos, como presunto responsable. El relato era contundente: Julia habría sido secuestrada y asesinada por su activismo.
Pero la historia dio un giro estremecedor.
Tras 14 meses de investigación, el Ministerio Público de Chile imputó a tres de sus hijos por parricidio calificado, cambiando por completo el foco del caso.

La noche del crimen, según la fiscalía, Julia fue vista por última vez cuando regresaba a casa en su carreta. Esa misma noche, alrededor de las 11:00 pm, su hijo Javier Troncoso Chuñil, en estado de ebriedad, habría intentado robar la pensión de un adulto mayor de 90 años, conocido como “el chico Estéreo”.
De acuerdo con la fiscal Tatiana Esquivel, Julia intervino para defenderlo, lo que desató una violenta discusión. Ella logró quitarle un cuchillo a su hijo, pero eso habría provocado aún más furia.
La fiscalía sostiene que Javier la golpeó y la estranguló hasta matarla, aprovechándose de su condición de salud: artrosis, obesidad y diabetes. Posteriormente, su hermano Pablo lo habría ayudado a mover el cuerpo, cuyo paradero sigue siendo desconocido.
Lo más grave: nadie pidió ayuda. Al contrario, según el Ministerio Público, los presentes acordaron ocultar el crimen, quemar la ropa de Julia y simular su desaparición. Dos días después, Jeannette, otra de las hijas, presentó una denuncia falsa ante Carabineros.
Las primeras dudas surgieron cuando las declaraciones de los hijos comenzaron a contradecirse. Escuchas telefónicas y testimonios revelaron que Julia vivía con miedo, que hablaba de su casa como “un infierno” y que había sufrido violencia intrafamiliar durante años.

Incluso salió a la luz que otro de sus hijos cumple condena por homicidio y que en el pasado también la había amenazado.
Mientras tanto, tras denunciar su desaparición, los hijos imputados vendieron ganado y bienes de Julia, actuando como herederos antes de que hubiera certezas sobre su destino.
El testimonio clave llegó del exyerno de Julia, quien aseguró que ella murió asfixiada en el patio de su casa, y confesó haber guardado silencio por miedo a Javier.
Con estos antecedentes, la policía detuvo a los tres hijos en Máfil y Temuco en un amplio operativo. La defensa acusó montaje, racismo y abuso policial, mientras organizaciones ambientales pidieron no cerrar ninguna línea de investigación.
Actualmente, Javier Troncoso Chuñil permanece en prisión preventiva, mientras que Jeannette y Pablo enfrentan arresto domiciliario total y arraigo nacional. El tribunal fijó 90 días para continuar la investigación.

Hoy, la pregunta cambió de forma.
Como dijo la fiscal en audiencia:
“Ya no nos preguntamos dónde está Julia Chuñil, sino dónde la dejaron sus propios hijos”.
La justicia apenas comienza a desentrañar un caso que pasó de símbolo ambiental a uno de los episodios familiares más crudos y complejos de los últimos años en Chile 😔🕊️
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