Los números no mienten. La actividad industrial de México retrocedió 1.3 por ciento durante 2025, encadenando su segundo año consecutivo en terreno negativo tras la contracción de 0.61 por ciento registrada en 2024. Se trata del peor desempeño desde 2020, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, y los cuatro sectores que componen el indicador registraron resultados negativos.

La manufactura, que representa cerca del 66 por ciento de la actividad industrial y el 20.5 por ciento del PIB, retrocedió 0.5 por ciento. Aunque la caída parece moderada en términos porcentuales, su impacto es devastador dado el peso de este sector en la dinámica económica del país. La minería sufrió la mayor contracción con un retroceso de 6.5 por ciento, seguida de la construcción con 1.0 por ciento.
Los analistas proyectan una ligera recuperación para 2026, pero el contexto no es alentador. Los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump, la incertidumbre por la revisión del T-MEC y la debilidad del mercado interno configuran un escenario en el que la industria mexicana difícilmente encontrará un respiro significativo.
El deterioro industrial se refleja también en el mercado laboral. La industria de vehículos pesados, por ejemplo, arrancó el año con la pérdida de 6 mil empleos y un panorama que sus representantes califican como extremo negativo. El sector pide al gobierno frenar la importación masiva de camiones usados que agrava su situación.
Dos años de contracción industrial consecutiva son la evidencia palpable de que la política económica de la Cuarta Transformación no ha logrado reactivar el motor productivo del país. Mientras el gobierno presume cifras de programas sociales, la base industrial que genera empleos formales y riqueza se sigue encogiendo.
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