Belén, Brasil. A diez años del histórico Acuerdo de París, la COP30 llega con un escenario nada alentador: la Amazonía, ese inmenso pulmón verde que regula buena parte del clima mundial, está en peligro y podría estar acercándose a un punto sin retorno, advierten especialistas.

En Belén, considerada la puerta de entrada a la selva tropical más grande del planeta, los líderes mundiales discuten cómo frenar la crisis climática. Pero mientras se habla de compromisos, los incendios, la deforestación y la sequía siguen avanzando sin freno.
Según el Programa de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), solo en 2022 se perdieron casi 20 mil kilómetros cuadrados de bosque, el nivel más alto desde 2004. Aunque el cambio de gobierno en Brasil en 2023 redujo la tala a la mitad, el daño ya dejó huellas difíciles de revertir.
Los científicos advierten que la región podría estar llegando a un punto de inflexión, donde el ecosistema deje de regenerarse y la selva comience a transformarse en sabana seca.
“Cada vez hay más incendios y sequías prolongadas, lo que ha provocado una degradación generalizada de la selva”, explicó Paulo Brando, experto de la Universidad de Yale. En septiembre de 2024 se registraron más de 41 mil focos de fuego, la cifra más alta para ese mes en más de una década, según el INPE (la agencia espacial brasileña).

💧 El agua también sufre. Los llamados “ríos voladores”, corrientes de humedad que viajan por el cielo desde el Atlántico hacia el interior del continente, se están rompiendo debido a la deforestación. “Los sistemas que hacían circular la humedad están fragmentados; si se destruye la selva brasileña, se rompe el ciclo de agua que alimenta a Perú y Bolivia”, explicó Matt Finer, científico de Amazon Conservation.
El resultado ya se siente: niveles récord de sequía, ríos con caudales mínimos y comunidades indígenas afectadas. En 2023, la región enfrentó la peor sequía en 45 años, agravada por el fenómeno de El Niño.

Además de la tala y el cambio climático, la minería ilegal —sobre todo la extracción de oro y tierras raras— está envenenando los ríos con mercurio y fomentando la expansión de redes criminales. “Las bandas están tomando el control de varias zonas, y las autoridades ya no pueden vigilarlas”, advirtió Finer.
Pese a todo, la Amazonía sigue siendo clave para enfriar el planeta. Los bosques amazónicos almacenan unas 71 mil millones de toneladas de carbono, el equivalente a casi dos años de emisiones globales. Pero si continúa la destrucción, esa ventaja se perderá: la selva podría pasar de absorber CO₂ a liberarlo.
El científico brasileño Tasso Azevedo lo resume con una metáfora potente: “La Amazonía es el aire acondicionado de la Tierra. Si lo apagamos, el mundo se calienta más rápido”.

Con más de 6.7 millones de km², hogar de miles de especies y cientos de comunidades indígenas, la selva amazónica enfrenta uno de sus mayores retos. Y aunque el debate global sigue, la naturaleza no espera.
Perder la Amazonía sería perder una de las últimas defensas contra la crisis climática.
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