Con el rugir de las motos y el aroma a incienso flotando en el aire, cientos de fieles de la Santa Muerte se lanzaron este fin de semana a la ya tradicional peregrinación que va del mercado Sonorita hasta el Reloj Monumental de Pachuca.

Camionetas llenas de flores, moños dorados y figuras enormes de la “Niña Blanca” encabezaron el recorrido por el bulevar Minero. Algunas vestidas con túnicas rojas o negras con dorado, otras con capas multicolor, pero todas cargadas con el mismo respeto y devoción de sus creyentes.
La procesión, organizada por Óscar “El Perro” Pelcastre, reunió a gente de todas partes: Puebla, el Estado de México, Tepito y la Merced. “Llevamos más de veinte años viniendo, y cada vez somos más. Muchos venimos a cumplir promesas o a agradecer favores”, contó el líder entre oraciones y música.
Durante casi una hora, la multitud avanzó a paso tranquilo. Algunos iban descalzos, otros con amuletos o figuras pequeñas entre las manos, y unos más fumaban mientras seguían el paso de los motores. La fe se sentía en cada gesto, bajo el sol o el cansancio, sin perder el ánimo.
Al llegar al Reloj Monumental, los devotos se reunieron para rezar junto a “El Perro” Pelcastre. Hubo abrazos, lágrimas y promesas nuevas. “Ella nunca nos deja, siempre está con nosotros”, dijo una mujer mientras levantaba su figura cubierta con un velo blanco.

Después de la oración, la caravana regresó al mercado Sonorita, donde continuó la fiesta con música, comida y buena vibra.
Más allá de lo religioso, muchos consideran esta caminata una forma de identidad y resistencia. “Nos juzgan sin conocernos, pero esto es pura fe, respeto y comunidad”, compartió un joven que colocaba su estatua en una camioneta azul decorada con flores.
Así, entre el ruido de los motores y la devoción que no se apaga, Pachuca volvió a ser testigo de una tradición que crece año con año, impulsada por la promesa de protección, compañía y esperanza que la Santa Muerte representa para sus fieles.
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