La humilde soya se ha vuelto protagonista de un enredo internacional que involucra a tres continentes y amenaza con devorar una de las joyas naturales de Brasil: el Cerrado, la mayor sabana tropical del país.

El apetito de China por la soya es gigante, millones de toneladas cada año para aceite de cocina y alimento para ganado. Y ahora que Pekín prácticamente ha dejado de comprar soya a Estados Unidos por los aranceles impuestos por Trump, los agricultores brasileños ven una oportunidad de oro para expandirse a nuevas tierras y vender más al mercado chino.
“La presión para producir soya para exportar será mayor”, dice Luciana Gatti, investigadora del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales. Solo en 2023, más de 460,000 hectáreas de tierras recientemente deforestadas en el Cerrado se convirtieron en plantaciones de soya, ¡una superficie más grande que Rhode Island! 😬

Brasil ya es el mayor exportador mundial de soya, y la presión sobre la Moratoria de la soya, que protege la Amazonia de la deforestación, no para de crecer. La moratoria, que limita la compra de soya cultivada en tierras deforestadas después de 2008, ha ayudado a ralentizar la destrucción en la Amazonia, pero su futuro es incierto tras una suspensión temporal por parte del regulador antimonopolio brasileño.
El lobby agrícola brasileño presiona fuerte para levantar la moratoria, calificándola de “barrera comercial disfrazada de protección ambiental”. Según Lucas Costa Beber, vicepresidente de Aprosoya, hay pastizales degradados en el Cerrado que podrían convertirse en cultivos si el mercado lo permite: “Realmente solo depende de la viabilidad económica y de mercado”.
El dilema llega a Lula da Silva, que será anfitrión de la próxima cumbre climática en Belém, y tiene un compromiso público de frenar la deforestación. “El gobierno se enfrenta a una situación muy difícil”, dice Cristiane Mazzetti, activista de Greenpeace Brasil.
Mientras tanto, los agricultores estadounidenses ven cómo su principal cliente, China, desaparece de su radar. Los aranceles a la soya estadounidense, impuestos por Pekín en represalia a los de Trump, han congelado las ventas y encarecido fertilizantes y maquinaria. El riesgo de perder miles de millones de dólares en exportaciones es real, y la incertidumbre sobre si Trump y Xi se reunirán en la próxima cumbre solo complica el panorama.
El Cerrado no es solo pasto y tierra de cultivo, también contiene cabeceras de los ríos más importantes de Brasil y regula patrones de lluvia y temperatura. Aunque la deforestación ha bajado un poco gracias a la aplicación de la ley, casi la mitad de su vegetación original ya desapareció, dejando paso a ganado y plantaciones de soya.
En resumen, la disputa comercial entre Trump y China no solo sacude mercados y precios, sino que pone en jaque ecosistemas enteros en Brasil. La soya, ese grano humilde, se ha convertido en moneda de cambio de la geopolítica global y amenaza con devorar la sabana tropical. 🌎
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