Hacer una maleta de un día para otro para recoger un Ferrari en Francia. Organizar fiestas exclusivas. Comprar trajes de US$5.000. Cuidar minigallinas de colección. Así es la rutina —o más bien, la no rutina— de quienes trabajan como asistentes personales de ultrarricos.

La brasileña Giuliana Passarelli, de 31 años, se define en redes como “niñera de millonario”, un término que se volvió viral. Su trabajo consiste en gestionar cada detalle de la vida de su jefe: desde facturas y citas médicas hasta compras de lujo y trámites internacionales.
“¿Sabes cuando en tu día más pesado olvidas comprar pasta de dientes? Eso a él no le pasa, porque yo no lo olvidé”, resume.
En una ocasión, tuvo que viajar de emergencia a Francia para recoger un Ferrari de edición especial y encargarse de toda la burocracia para ingresarlo a Brasil. También terminó cuidando minigallinas de raza serama que su jefe compró tras leer sobre la tendencia.
Una profesión que no es nueva, pero sí más visible.
Expertos señalan que este tipo de figura siempre ha existido en las élites, similar a gobernantas o mayordomos, pero hoy se ha profesionalizado y especializado dentro del mercado del lujo.

Según estimaciones de la consultora Bain & Company, el mercado de lujo en Brasil podría duplicarse hacia 2030, impulsado por familias con patrimonios superiores al millón de dólares.
La lógica detrás de contratar un asistente personal no es incapacidad, sino optimización: comprar tiempo. En palabras de especialistas, el verdadero símbolo de estatus no es el objeto, sino tener tiempo libre mientras alguien más gestiona lo cotidiano.
Glamour… y contradicciones.
El trabajo puede incluir cenas en yates de celebridades como Leonardo DiCaprio o viajes a destinos como Mónaco y Dubái. Pero también exige discreción absoluta, organización extrema, dominio del inglés y capacidad para resolver crisis de última hora.

La remuneración, según agencias especializadas, puede ir de 15.000 a 30.000 reales mensuales (entre US$2.900 y US$5.800), dependiendo del nivel de responsabilidad.
Sin embargo, convivir con la riqueza extrema también genera tensiones. Giuliana admite que ver gastos de miles de dólares en un país con alta desigualdad puede resultar chocante. Aun así, asume su papel con claridad: “No estoy aquí para juzgar, sino para cumplir mi función”.
💬 En este mundo, el verdadero lujo no es el Ferrari ni la marca exclusiva… es poder desconectarte mientras alguien más vive pendiente de todo por ti. ¿Trabajo soñado o presión 24/7? Ahí está el debate.
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