Narciso Barranco, un jardinero mexicano que lleva tres décadas chambeando en Estados Unidos, pasó de presumir orgulloso que sus tres hijos son Marines del país vecino, a vivir con miedo de ser deportado.

Todo se vino abajo aquel 21 de junio, cuando agentes federales lo interceptaron en Santa Ana, California, mientras recortaba el pasto frente a un restaurante. Según él, era un día como cualquier otro; según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), no tanto.
Un papá que llegó sin papeles y levantó a tres soldados.
Barranco nació en Tlacotepec, Morelos, y cruzó la frontera a finales de los 90 “nomás pa’ buscar un futuro mejor”. Le entró a lo que fuera: construcción, lavar trastes, limpiar baños… y en el camino nacieron los tres hijos que lo harían sentir el mayor orgullo de su vida.

Los hermanos Barranco crecieron en California, bien integrados y conscientes de sus raíces. Con el tiempo los tres acabaron en el Cuerpo de Marines de EE.UU.:
- Alejandro, el mayor, hoy veterano, incluso estuvo en la retirada de tropas en Afganistán.
- José Luis, el mediano, terminó su servicio hace poco.
- Emanuel, el menor, sigue activo en Camp Pendleton.
“Estoy orgulloso de mis muchachos… pero imagínese, ellos dando la vida por este país y yo tirado en el piso”, dijo Narciso entre lágrimas.
El arresto que desató un escándalo.
Lo que pasó afuera de ese Home Depot en Santa Ana corrió como pólvora en redes: varios agentes enmascarados lo sometieron con fuerza, lo tiraron al pavimento, lo esposaron y lo subieron a una camioneta sin identificación. Las imágenes se hicieron virales.
El DHS aseguró que Narciso levantó su desbrozadora contra un agente, intentó huir y se negó a identificarse. La familia dice que solo estaba espantado.
El operativo, además, cayó en plena ola de redadas migratorias ordenadas por Donald Trump, con la Guardia Nacional desplegada para “restaurar la ley y el orden” en California. Vaya timing.

24 días detenido… y una familia moviendo cielo y tierra.
Narciso fue llevado primero al Centro de Detención Metropolitana de Los Ángeles y después al centro de ICE en Adelanto, donde pasó 24 días.
Su hijo mayor, Alejandro, habló con medios y hasta fue al Capitolio en Washington para exigir que liberaran a su papá. Políticos como Alex Padilla y Lou Correa también intervinieron.
Y del otro lado de la frontera, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó lo ocurrido como una “injusticia imperdonable”, recordando el enorme aporte de los migrantes mexicanos en EE.UU.
Después de muchísima presión, Narciso quedó libre bajo fianza el 15 de julio.
El sueño, detenido en pausa.
Este señor de 48 años llevaba años construyendo su independencia laboral: tras trabajar desde 2002 en una empresa de jardinería, también hacía paisajismo por su cuenta. Según él, le faltaba un añito para independizarse al 100%.
Pero ahora no puede trabajar y pasa sus días cuidando su huerto, sus mascotas y estudiando inglés, mientras espera la próxima cita en corte, programada para enero.
Su abogada, Lisa Ramírez, ya metió una solicitud de parole-in-place, que le daría estatus legal temporal y podría abrirle la puerta a una residencia. Pero hasta ahora, ni acuse de recibo.
¿Y si lo deportan?
Narciso reconoce que él y su esposa ya hablaron del peor escenario. Pero también dice que mantiene la fe.

“Si Dios quiere, me dejarán quedarme. Si no… me iré triste por no ver a mis hijos, pero con la frente en alto, porque sé que no hice nada malo”.
Así, mientras sus tres hijos —los tres Marines— han defendido al país que los vio crecer, su papá vive con el alma en un hilo, esperando una respuesta que podría cambiarlo todo.
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