Entre humo, gritos y escombros, Oleksandr Volobuev, mayor general del Servicio de Protección Civil de Ucrania, avanzaba decidido por un campo en ruinas. En sus brazos llevaba algo que protegía con fuerza… de su chaqueta sobresalían dos pequeños zapatos rosas.

Esa escena, captada en plena emergencia en la ciudad de Járkov, se volvió símbolo del valor ucraniano luego de que un ataque con drones rusos golpeara una guardería infantil, dejando a 48 niños atrapados en un refugio bajo el edificio en llamas.
“Nos avisaron que el ataque había sido en un jardín de infantes… y saber que había pequeños ahí cambió todo”, contó Volobuev. Sin saberlo, esa jornada lo convertiría en héroe nacional.
Las imágenes del rescate dieron la vuelta al país, mostrando cómo la guerra ha convertido a los civiles —especialmente a los más vulnerables— en las principales víctimas del conflicto.
Nadie sabe con certeza por qué la Academia Miel, un edificio de ladrillo en Járkov, fue alcanzada. Los drones usados, de fabricación iraní, son capaces de cargar misiles de hasta 50 kilos, y aunque suelen ser precisos, su uso masivo puede provocar fallos o errores de dirección.
Rusia niega atacar zonas residenciales, pero en los alrededores del jardín no había objetivos militares evidentes, por lo que Ucrania lo considera un ataque directo contra civiles. “No hay excusa para atacar una guardería. Rusia se está volviendo cada vez más descarada”, declaró el presidente Volodymyr Zelensky.

💬 Otro de los que se lanzó al rescate fue Fedir Uhnenko, vocero del mismo Servicio de Defensa Civil. “Cuando llegamos, los niños estaban en el sótano, con los ojos llenos de miedo. El edificio aún ardía y el techo estaba por caer”, relató.
La alerta temprana permitió que todos los pequeños se refugiaran antes del impacto, lo que evitó una tragedia mayor. Sin embargo, el fuego, el humo y el riesgo de derrumbe los mantenían en peligro.
Uhnenko recordó que formaron una cadena humana junto a vecinos del lugar para sacar a los menores uno por uno. “Le decía al niño que cargaba que todo estaría bien, que no se preocupara… Me sorprendió que no llorara, solo tenía el miedo en la mirada”, contó.
Mientras algunos apagaban un vehículo en llamas, otros trasladaban a los niños a un punto seguro a unos metros del jardín. Todos sobrevivieron ilesos, aunque un adulto que trabajaba cerca murió, y otras nueve personas resultaron heridas —una con quemaduras graves y otra con la amputación de una pierna—.
Esa jornada, Uhnenko cumplió dos papeles: rescatista y fotógrafo, ya que documentó con su cámara los momentos más duros del día. Las imágenes se hicieron virales en redes sociales.
Los equipos de emergencia sabían que existía el riesgo de un “doble impacto”, una táctica rusa que consiste en atacar de nuevo el mismo sitio para alcanzar a los rescatistas. De hecho, al día siguiente de este suceso, otro bombardeo en una aldea cercana mató a un bombero e hirió a cinco compañeros.

Las aulas del jardín quedaron destruidas. Ucrania asegura que este tipo de ataques muestran la frustración rusa ante su falta de avances militares.
Aun así, ni Volobuev ni Uhnenko han cambiado su postura: “Desde el principio tuvimos claro que debíamos resistir y ganar”, dijo el general. Y cuando le preguntaron qué desea para los niños que salvó, respondió con esperanza:
“Solo quiero que crezcan en paz. No solo los nuestros, todos los niños del mundo merecen eso.” 🌈
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