¡Prepárense para un viaje por la historia de Rapa Nui! 🗿🌅 Durante siglos, los expertos se han preguntado cómo los rapanui lograron trasladar los enormes moáis desde la cantera hasta sus plataformas a veces a 18 kilómetros de distancia. Estas figuras de hasta 10 metros y 86 toneladas parecían imposibles de mover… hasta ahora.

Resulta que un estudio reciente de Carl Lipo (Binghamton) y Terry Hunt (Arizona) mostró una forma muy probable de hacerlo: ¡haciendo que los moáis “caminaran”! Con un equipo de 18 personas, lograron mover una réplica de 4,35 toneladas a lo largo de 100 metros en solo 40 minutos, usando cuerdas para balancearlas de lado a lado mientras avanzaban. Esto confirma lo que ellos ya habían planteado en su libro de 2011, The Statues that Walked.
Pero no todo fue fácil. La idea de que las estatuas “caminaban” fue probada primero en 1986 por Pavel Pavel y Thor Heyerdahl, aunque muchos dudaron que funcionara, sobre todo en terrenos irregulares y con estatuas enormes. El balanceo constante y las bases anchas en forma de D, según Lipo y Hunt, eran clave para que los gigantes no se cayeran y para que los caminos se formaran casi solos con cada traslado. 🏞️

Aunque la teoría tiene fans, no todos están convencidos. Nicolas Cauwe, de los Museos Reales de Bruselas, asegura que muchos moáis encontrados a lo largo de los senderos están intactos y que las fracturas se produjeron mientras estaban tumbados, no en movimiento. Según él, los surcos en los caminos muestran que las estatuas pudieron mantenerse erguidas durante décadas.
La historia de la isla también ha estado marcada por controversias sobre su colapso ambiental. Jared Diamond, en su libro Colapso (2005), aseguraba que la tala excesiva y la construcción de moáis gigantes llevaron a deforestación, erosión y hambruna, llevando a guerras y canibalismo antes de la llegada de los europeos. Sin embargo, Lipo y Hunt demostraron que la sociedad rapanui era próspera y sostenible, cultivando en huertos rocosos que les permitían vivir con menos de 4000 personas, y que el declive poblacional se debió a enfermedades y abusos europeos, no a autodestrucción.
Además, arqueólogos como Jo Anne Van Tilburg apoyan que los moáis pudieron trasladarse horizontalmente, boca arriba o abajo, usando trineos de madera y rodillos, y luego se levantaban en sus plataformas finales con palancas. Ella reconoce que no se puede asegurar que todos los métodos posibles se usaran siempre; los rapanui eran creativos y adaptaban la técnica según la necesidad y el terreno.

En la isla todavía se pueden ver unos 950 moáis, muchos de espaldas al mar vigilando aldeas, y algunos alineados con los equinoccios, mostrando que la isla también tenía un uso astronómico. Entre la cantera y la costa hay 62 moáis en el suelo, que aún generan debates: ¿fueron abandonados o dejados a propósito?
La investigación moderna, usando modelos tridimensionales y experimentos en la vida real, nos muestra que estos gigantes no solo son un misterio histórico, sino también un testimonio de la ingeniosidad rapanui para mover y mantener de pie a estas impresionantes estatuas.

Al final, los moáis nos recuerdan que Rapa Nui no es solo un pedazo de tierra en el Pacífico, sino una isla llena de inventiva, resiliencia y secretos que siguen caminando con nosotros en cada estudio y cada mirada hacia esos gigantes que alguna vez se movieron… literalmente. 🌊🗿
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