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#LucíaTopolansky: el alma inquebrantable que caminó junto a #Mujica hasta el final. 🐝❤️

Aunque el mundo conocía a José “Pepe” Mujica como un símbolo de lucha, austeridad y filosofía de vida, detrás de ese hombre siempre estuvo Lucía Topolansky, su compañera de batallas, de vida… y de amor. Este martes, Mujica partió a los 89 años, y con él se va también una historia marcada por la lealtad de una mujer que fue “mucho más que su compañera”.

Lucía, que lo conoció en la clandestinidad, nunca se separó de su lado, ni cuando la enfermedad lo fue apagando poco a poco. Hace más de un año, a Mujica le diagnosticaron cáncer de esófago, y desde entonces, su salud se fue deteriorando. Pero ella, firme, le siguió dando su amor hasta el último suspiro. “Estoy con él hace más de 40 años y voy a estar hasta el final”, dijo hace apenas unos días, cumpliendo su promesa.

🕊️ Aunque no tuvo la fama internacional que alcanzó el expresidente, la historia personal de Topolansky es tan potente como la de él, cargada de decisiones fuertes, resistencia y coraje.

De niña bien a guerrillera.

Lucía nació hace ocho décadas en una familia acomodada de Montevideo. Su infancia fue en un entorno católico, y hasta estudió en un colegio de monjas dominicas. Pero a fines de los años 60, abandonó la carrera de arquitectura y se metió de lleno en la militancia armada, uniéndose al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), inspirado por el marxismo y la Revolución Cubana.

No lo hizo sola: su hermana melliza, María Elia, también formó parte de esa guerrilla urbana que desafiaba al sistema. En ese contexto de riesgo constante, Lucía usaba el alias “Ana” y participó en varios operativos clandestinos.

Fue justo ahí donde conoció a Mujica. Ella tenía 9 años menos que él, y se encontraron en septiembre de 1971, la misma noche en que él protagonizó una histórica fuga de la cárcel de Punta Carretas, junto a más de 100 presos. “Ella estaba con el grupo de apoyo desde afuera”, recordó Mujica. “La vi de casualidad… era muy bonita y joven”.

Fugas, amor y peligro.

Esa historia de película no paró ahí. Ese mismo año, Topolansky también escapó de prisión, arrastrándose por las cloacas con otras 37 mujeres. Para despistar, incluso se sometió a una cirugía estética parcial. Mujica fue recapturado, pero poco después volvieron a encontrarse, ya iniciando su historia de amor en medio de la persecución.

“Cuando vivís con el peligro pisándote los talones, la libertad y la vida en juego, el amor se vuelve un refugio natural”, explicó Mujica en 2023.

Ella, por su parte, reconocía que en aquel entonces las emociones eran difusas. “Esto se parece a un relato de guerra… todo va tan rápido que nada es como en la vida normal”.

Presos, pero no vencidos.

Ambos fueron capturados nuevamente en 1972, justo antes del golpe militar. Pasaron 13 años en prisión, soportando torturas y aislamiento. Aun así, mantuvieron su espíritu rebelde vivo.

Una compañera de celda, Anahit Aharonian, contó cómo en 1980, las hermanas Topolansky le bordaron en secreto un tapiz con la palabra “Libertad” en armenio, idioma que tenía prohibido usar en la cárcel. Lograron sacarlo del penal escondido en un paquete.

El regreso, la chacra y la política.

En 1985, tras una ley de amnistía, ambos recuperaron la libertad y retomaron la vida juntos, sin pausa. Se mudaron a una casa rural en Rincón del Cerro, cultivaron la tierra y siguieron con su vocación: la militancia.

“No perdimos el tiempo, al otro día ya estábamos reuniendo compañeros”, recordó ella. Vivieron dos décadas juntos sin casarse, hasta que en 2005, sin previo aviso, Mujica soltó la bomba en una entrevista: “Nos vamos a casar”. Lucía se enteró por la tele. “De vieja vine a claudicar”, dijo entre risas.

Una vida de lucha compartida.

Nunca tuvieron hijos, decisión que atribuyen a su entrega total a la militancia. En cambio, compartieron su hogar con familias necesitadas y con varios perros, siendo Manuela —la perrita coja— la más famosa.

En lo político, fundaron el Movimiento de Participación Popular, base del Frente Amplio. En 2010, Topolansky, como senadora más votada, le tomó juramento a Mujica como presidente, en un acto lleno de simbolismo. Luego lo abrazó y le dio un beso con una sonrisa cómplice.

Ella también tuvo sus momentos de protagonismo: sobrevivió a un cáncer de mama, fue candidata a intendenta y, en 2017, asumió como vicepresidenta del país tras la renuncia de su antecesor. Incluso, llegó a ejercer la presidencia temporalmente.

“Como las abejas”.

Mujica siempre la describió con profunda admiración: “Lucía es sistemática, como las abejas, como una gota de agua. Una trabajadora incansable, de las que no hacen historia en un día, pero que levantan paredes con paciencia”.

Y aunque él acaparaba la atención, siempre reconoció su deuda con ella: “Soy consciente de que buena parte de mi vida se la debo a Lucía”, dijo en su última entrevista.

Una historia de amor y lucha, tejida en la clandestinidad, forjada en la cárcel, y vivida con entrega hasta el último suspiro. ❤️

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Autor Redacción Amaneciendo

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