El despliegue de buques de guerra de #EstadosUnidos en #AméricaLatina y el #Caribe ha encendido la chispa entre #DonaldTrump y #NicolásMaduro. El #presidente venezolano no dudó en afirmar que #Washington había violado el Tratado de #Tlatelolco, firmado en 1967 en #México… aunque ojo, EE.UU. nunca fue parte de ese acuerdo.

Maduro aseguró este miércoles que Venezuela ha sido amenazada con un submarino nuclear y que esto representa una violación al tratado que prohíbe la fabricación, uso y movilización de armas nucleares en toda la región. Según él, el país suramericano recibe una “solidaridad mundial impactante”, porque jamás se había visto una amenaza nuclear directa hacia Latinoamérica.
Lo curioso es que el submarino en cuestión tiene propulsión nuclear pero no porta armas nucleares, y está asignado al Comando Sur de EE.UU., según dijeron funcionarios de Defensa a CNN. Forma parte de una flota que, según Washington, busca combatir a los cárteles de droga, aunque para Maduro es toda una provocación.
El Tratado de Tlatelolco, impulsado por el canciller mexicano Alfonso García Robles —Premio Nobel de la Paz en 1982—, convirtió a Latinoamérica y el Caribe en zona libre de armas nucleares, tras la crisis de los misiles en Cuba. Creó el Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Opanal), con sede en Ciudad de México, encargado de vigilar que los países cumplieran el acuerdo.
Los firmantes, entre ellos Argentina, México, Brasil, Cuba y Venezuela, están obligados a respetar la prohibición. Si algún país incumple, la Conferencia General puede emitir recomendaciones y alertar al Consejo de Seguridad de la ONU, la Asamblea General y la OEA.
Pero, ojo, Estados Unidos no firmó el tratado, por lo que legalmente no está obligado a seguirlo. Además, los submarinos con propulsión nuclear que no llevan ojivas no entran en la definición del pacto, que solo contempla los artefactos capaces de liberar energía nuclear con fines bélicos.
Así que, aunque Maduro lo vea como una amenaza directa, en términos legales, Washington no está rompiendo el Tratado de Tlatelolco.
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