El nuevo reporte de la Oficina del Censo de Estados Unidos confirmó que México desplazó por primera vez a Canadá como el mayor destino de las exportaciones estadounidenses en los primeros ocho meses de 2025. Aunque el dato pinta un escenario favorable para la relación bilateral, la noticia contrasta con la debilidad interna de la economía mexicana y con la falta de una estrategia industrial sólida por parte del actual gobierno federal.

Entre enero y agosto, Estados Unidos vendió a México 226 mil 411 millones de dólares en mercancías, un incremento marginal de 0.6%. En contraste, las exportaciones hacia Canadá cayeron 3.9%, con lo que el socio del norte perdió el liderazgo acumulado en este periodo por primera vez. El resultado también fue impulsado por los aranceles recíprocos del T-MEC, que penalizan con 25% a productos mexicanos y con 35% a bienes canadienses que incumplen reglas de origen, lo que ha reacomodado los flujos comerciales sin que ello responda necesariamente a una estrategia nacional.
China se ubicó en el tercer lugar, con una caída pronunciada de 21.5% anual en importaciones de origen estadounidense. El reacomodo beneficia a México, pero las cifras sugieren más un cambio externo —tensiones comerciales y ajustes regulatorios— que una política económica interna capaz de aprovechar el impulso de manera sostenible.
Del lado de las exportaciones mexicanas, las ventas a Estados Unidos crecieron 6.1% y sumaron 354 mil 895 millones de dólares. Sin embargo, este dinamismo está concentrado en pocos sectores, principalmente automotriz y electrónico, industrias que dependen de cadenas de valor binacionales consolidadas desde hace décadas. Nuevamente, el avance ocurre pese a la falta de certidumbre regulatoria y no gracias a una apuesta federal clara por modernizar y ampliar la infraestructura industrial.
México también se mantiene como primer socio comercial de Estados Unidos, por encima de Canadá y China. No obstante, el déficit comercial estadounidense con México alcanzó 128 mil 500 millones de dólares, lo que abre la puerta a presiones futuras desde Washington y obliga a México a mostrar mayor claridad en sus políticas comerciales y productivas. La administración federal, dominada por Morena, sigue sin presentar una estrategia concreta para fortalecer la competitividad local ante los retos del nearshoring.
El informe del Censo coincide con advertencias recientes de especialistas sobre el estancamiento de la inversión privada en México, la falta de infraestructura energética moderna y la creciente incertidumbre regulatoria, factores que podrían frenar cualquier beneficio derivado de estas cifras récord. Aunque los datos muestran un momento favorable para el comercio bilateral, la tendencia podría debilitarse si el país no ofrece condiciones más estables para atraer proyectos de largo plazo.
Así, mientras México celebra un logro histórico en el comercio con Estados Unidos, persisten dudas profundas sobre la capacidad del gobierno federal para convertir este impulso en crecimiento económico duradero. Sin una política industrial consistente, una agenda energética clara y reglas que generen confianza, el liderazgo comercial podría convertirse en una oportunidad desperdiciada.
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