En #SanFrancisco de Conchos, #Chihuahua, la sequía pegó tan duro que la gente ya recurre a las plegarias 🙏. Tras 30 meses sin una buena #lluvia, los vecinos se juntan a orillas del lago Toronto, que alguna vez fue el orgullo local. Hoy, ese embalse luce como un terreno lunar, y solo queda polvo y piedras donde antes había agua.

Rafael Betance, quien lleva 35 años vigilando el nivel de la presa La Boquilla, no esconde su preocupación:
“Todo esto debería estar bajo agua. La última vez que vimos la presa llena fue en 2017… desde ahí, todo ha ido para abajo”.
El panorama es crítico: el nivel del agua está 26,5 metros por debajo de su máximo y apenas alcanza el 14% de su capacidad. Con temperaturas de 42°C, las esperanzas de un milagro son mínimas.
Pero como si la sequía no fuera suficiente, ahora hay bronca con Texas por el reparto del agua del río Bravo. Según el tratado de 1944, México debe enviar 430 millones de metros cúbicos anuales a EE.UU., mientras que ellos devuelven una cantidad mucho mayor desde el río Colorado para ciudades mexicanas como Tijuana y Mexicali.

¿El problema? México lleva años atrasado en sus pagos y Texas ya perdió la paciencia. Incluso Donald Trump se subió al ring desde su red Truth Social, acusando a México de “robar” el agua y amenazando con aranceles y sanciones si no pagan lo que deben.
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum aceptó que hay un déficit, pero busca mantener la calma. México ya transfirió 75 millones de metros cúbicos a EE.UU., aunque esto apenas es una fracción de la deuda de 1.500 millones.
👨🌾 En Texas, agricultores como Brian Jones están desesperados:
“Llevo tres años sembrando solo la mitad de mi finca porque México no manda el agua que nos corresponde. No pedimos más, solo lo que marca el tratado”.
Del lado mexicano, los agricultores aseguran que no hay “excedente” para enviar y que primero deben cubrir sus necesidades locales. Además, los cultivos como nogales y alfalfa en Chihuahua requieren muchísima agua.

Algunos como Jaime Ramírez, exalcalde y productor de nuez, ya aplican sistemas de riego modernos para ahorrar hasta 60% de agua, pero admite que muchos siguen inundando campos porque no pueden pagar sistemas nuevos.
“Si no llueve este año, el próximo simplemente no habrá agricultura. Habrá que reservar el agua solo para beber”, advierte Ramírez.
Mientras tanto, el veterano Betance lo resume con resignación:
“Rezar es lo único que nos queda”.
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