Durante años, en Estados Unidos la leche tuvo su famoso “Got Milk?” y la carne su “Beef: It’s what’s for dinner”. Pero los árboles de Navidad naturales nunca tuvieron una campaña potente, y hoy eso les está pasando factura.

Productores como los hermanos Ben, Nathan y Tyler Stone, dueños de la granja BTN of Oregon, lo dicen sin rodeos: los árboles artificiales importados están pegando duro a la industria.
“Compra productos estadounidenses, apoya a Estados Unidos”, resume Tyler Stone desde Salem, aunque reconoce que no hay dinero suficiente para una gran campaña publicitaria.
Y es que en el campo la publicidad no es sencilla. Para muchos productos agrícolas existen juntas de promoción financiadas por los propios productores, que lanzan anuncios, recetas o campañas masivas. Pero con los árboles de Navidad el reto es distinto: nadie compra varios, ni fuera de temporada, ni les encuentra nuevos usos.
Por eso Marsha Gray, directora ejecutiva de la Junta de Árboles de Navidad Reales, intenta reactivar un mercado que va a la baja. Su mensaje central es claro: los árboles vivos son reales, los de plástico no.
“El consumo ya no es el de hace 40 o 50 años, y el principal competidor son los árboles artificiales”, admite.
Las cifras no ayudan. De acuerdo con la American Farm Bureau Federation, el valor de los árboles artificiales importados se duplicó en la última década, aunque este año bajó un poco por los aranceles a China. Además, en EE. UU. hay 35% menos hectáreas dedicadas a la producción de árboles navideños que hace 20 años.
Con un presupuesto anual menor a un millón de dólares, la junta apenas puede invertir en difusión y campañas digitales pequeñas. Por eso el sector celebró el anuncio navideño de Home Depot, que este año apostó fuerte por los árboles naturales.
La cadena invirtió alrededor de 10 millones de dólares para transmitir más de mil veces un comercial grabado en una granja de Carolina del Norte, donde un niño elige su árbol.
“No es solo una compra, buscamos crear un ambiente festivo”, explicó Dan Stuppiello, ejecutivo de Home Depot encargado de productos vivos.
Con los años, la empresa ha convertido los estacionamientos donde vende árboles en espacios con luces, música navideña y chocolate caliente, una versión accesible de ir a una granja y cortar tu propio pino. Eso sí, sin atacar a los árboles artificiales… que también venden.

Para muchos, el encanto sigue siendo emocional. “Los lotes de árboles tienen algo muy antiguo, como si te conectaran con tiempos más simples”, dice Rikk Dunlap, escritor y trabajador de mantenimiento cerca de Chicago. Esa nostalgia incluso inspiró un libro suyo que terminó convirtiéndose en una película de Hallmark.
La industria del árbol natural apuesta justo a ese romanticismo. Según estudios de la junta, hay tres momentos clave en los que la gente decide qué tipo de árbol tendrá: cuando se casa, cuando tiene hijos o cuando compra casa. Ahí, muchas personas eligen un árbol vivo por el aroma y la tradición.
Pero el panorama social tampoco ayuda: menos matrimonios, menos hijos y menos acceso a la vivienda. Todo eso reduce el mercado potencial.

Del otro lado está la American Christmas Tree Association, que representa a los árboles artificiales. Su directora, Jami Warner, asegura que los consumidores los prefieren porque son prácticos, de bajo mantenimiento y más rentables a largo plazo. Para ella, hay espacio para ambos tipos de árbol.
La realidad es más dura para algunos. El lote que inspiró la historia de Dunlap cerró este año tras 40 años de operación, por la caída del negocio.
Y este diciembre, ni siquiera él tendrá un árbol natural en casa: con dos gatitos nuevos, decidió irse por lo práctico.
Compró un pequeño árbol artificial. 🎄🐱
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