Durante años, muchos inmigrantes han sido retratados como una amenaza: criminales, violentos o una carga para la sociedad. Pero esa narrativa no solo es falsa, también es peligrosa, advierten defensores de derechos humanos. “Es un país construido sobre la inmigración y seguir promoviendo esta idea genera miedo y división”, señaló Chung, quien explicó que muchos detenidos no representaban ningún riesgo para la sociedad desde hace años.

En Atlantic Highlands, Nueva Jersey, la detención de varios inmigrantes sacudió a la comunidad. Vecinos se organizaron con protestas pacíficas y apoyo económico para las familias afectadas. La alcaldesa Lori Hohenleitner incluso impulsó una campaña en GoFundMe para cubrir gastos legales. Tras un mes detenido, Vicens Márquez recuperó su libertad bajo fianza y fue recibido con aplausos. El chef de Emilio’s Kitchen volvió a su trabajo y calificó el respaldo comunitario como “un milagro”.
Historias similares se repiten. Leonel Chávez, inmigrante mexicano de 42 años, fue detenido en Connecticut y deportado a México, pese a llevar décadas en Estados Unidos. Llegó a los 17 años, formó una familia, pagaba impuestos, tenía su propio negocio y participaba activamente en su iglesia. Su detención, grabada en video, generó críticas por uso excesivo de la fuerza e incluso señalamientos de violaciones a derechos humanos.
Chávez reconoce errores menores de juventud, pero asegura que siempre enfrentó la justicia y que desde entonces se dedicó a trabajar y apoyar a su comunidad. “Vayan a mi iglesia o a mi comunidad y pregunten quién soy”, reclamó. Hoy vive separado de sus hijos, todos ciudadanos estadounidenses, mientras intenta reconstruir su vida en México.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) afirma haber deportado a más de 500 mil inmigrantes indocumentados desde el inicio del segundo mandato de Trump, aunque la meta oficial es aún mayor. Bajo operativos como “Catahoula Crunch”, las autoridades aseguran buscar a “los más peligrosos”, pero líderes locales y organizaciones han advertido que las redadas también afectan a personas sin antecedentes penales, muchas de ellas con procesos migratorios en curso.
En ciudades como Chicago, Los Ángeles y Nueva Orleans, comunidades enteras se han organizado para enfrentar el miedo: acompañan a estudiantes, brindan apoyo legal y crean redes solidarias. Porque detrás de cada detención no hay cifras, sino familias, trabajos, iglesias y barrios enteros que hoy viven con incertidumbre.
🗣️ Cuando se criminaliza sin distinguir, el daño no es solo legal… es humano.
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