En Ciudad de #Gaza, la tensión está al tope 😟. El anuncio del gabinete de #seguridad israelí de tomar el control total de la ciudad más grande de la #Franja no sorprendió del todo, pero sí borró cualquier esperanza de un “milagro” que evitara otra tragedia.

Aunque hace apenas unos días el ejército permitió que entraran camiones con ayuda humanitaria, hoy el panorama volvió a teñirse de miedo y desesperación. Muchos sienten que están condenados a desplazarse otra vez, incluso después de haber huido varias veces en los últimos dos años de guerra, cargando con hambre, cansancio y la pérdida de sus hogares.
Para muchos, la decisión de Israel significa una sentencia: o quedarse y arriesgar la vida, o partir hacia un sur que tampoco es seguro. Sabrine Mahmoud lo tiene claro: “No abandonaré mi casa, pase lo que pase. Que la destruyan si quieren”.
Otros, como Mohammed Imran, creen que el cambio de palabra de “ocupación” a “control” no es más que un juego semántico: “El resultado es el mismo: destrucción y desplazamiento. No tenemos más que a Dios”.

La frustración no es solo contra Israel. Hamás también recibe críticas, como las de Ehab al-Helou, activista que no se guarda nada: “Juro por Dios que viven en un mundo de ciencia ficción. ¿Quiénes son para decidir sacrificarnos?”.
La periodista Aseel Ghaben contó que algunas personas prefieren morir en sus casas con dignidad que vivir en campamentos improvisados. Su propia hermana fue herida por una bala recientemente. Y mientras tanto, familias enteras siguen bajo lonas, en calles polvorientas donde antes había edificios.
El drama humano se resume en la voz de Maghzouza Saada: “El sur no es seguro, Ciudad de Gaza no es segura, el norte no es seguro. ¿A dónde vamos? ¿Nos lanzamos al mar?”.
Antes de la guerra, en menos de 48 km² vivían unas 775 mil personas. Hoy, según estimaciones, podría haber alrededor de un millón de habitantes en medio de ruinas, sin un lugar claro a dónde huir. Israel dice que controla el 75% de la Franja, mientras la ONU calcula que el 86% del territorio está militarizado o bajo órdenes de evacuación.

Con este nuevo plan, el primer ministro Benjamin Netanyahu busca que sus tropas tomen la ciudad por primera vez en este conflicto. Y aunque aún no se declara “zona de combate peligroso”, muchos saben que esa etiqueta podría llegar pronto… y con ella, una nueva ola de desplazamientos.
Esta situación es una mezcla de cansancio, enojo y miedo. La gente está atrapada en un ciclo de huir, volver y huir otra vez, mientras el mundo mira y las soluciones parecen cada vez más lejanas.
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