La cadena de tiendas de conveniencia OXXO fue una de las víctimas más visibles de la ola de violencia posterior al abatimiento de El Mencho. En Guanajuato, al menos 25 sucursales fueron incendiadas en municipios como León, Irapuato, San Francisco del Rincón y Purísima del Rincón, junto con supermercados, farmacias y otros comercios atacados con bombas molotov y fuego directo.

En Jalisco, el gobierno estatal reportó saqueos y daños en 69 tiendas OXXO hasta la tarde del domingo 22 de febrero. Las autoridades informaron la detención de 25 personas: 11 por participación directa en actos violentos y 14 por saqueo y rapiña. Farmacias del Ahorro en Tlaquepaque y una Bodega Aurrera en El Salto también resultaron afectadas.
En Tijuana, 654 tiendas OXXO dejaron de operar la mañana del domingo tras el incendio provocado con bombas molotov a dos sucursales en las colonias Altamira y Oaxaca. Los trabajadores recibieron la orden de cerrar sin mayores explicaciones. La cifra representa aproximadamente la mitad de los establecimientos de esa cadena en Baja California.
El patrón de ataques a comercios como estrategia de intimidación no es nuevo para el crimen organizado, pero la escala coordinada en múltiples estados de manera simultánea evidencia la capacidad logística que el CJNG conserva incluso tras la pérdida de su máximo líder.
OXXO, con más de 20 mil sucursales en México y más de 13 millones de clientes atendidos diariamente, se ha convertido en un termómetro involuntario de la inseguridad en el país. Cada vez que la violencia escala, sus puertas se cierran, sus trabajadores son los primeros en pagar las consecuencias y las comunidades que dependen de estos establecimientos quedan desabastecidas.
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