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#Promesas, #pasaportes quemados y guerra: así opera la #rusa que engancha a #extranjeros para pelear en #Ucrania. 🔥📲

Un pasaporte ardiendo frente a la cámara y una voz en ruso que suelta: “arde bien”. Ese fue el mensaje que recibió Omar, un obrero sirio de 26 años, cuando ya llevaba nueve meses atrapado en el frente de guerra en Ucrania, combatiendo para Rusia.

La voz era inconfundible. Se trataba de Polina Alexandrovna Azarnykh, una exprofesora rusa de 40 años, quien —según el testimonio de Omar— fue la misma persona que lo ayudó a alistarse, prometiéndole un buen sueldo, un puesto seguro lejos del combate y la ciudadanía rusa. Nada de eso se cumplió.

Omar cuenta, bajo un nombre falso por seguridad, que pagó y confió, pero terminó enviado a la línea de fuego con apenas 10 días de entrenamiento. Al negarse a pagarle US$3.000 extra que ella exigía para mantenerlo fuera del combate, la represalia fue brutal: le quemaron el pasaporte.

Nos engañaron. Esta mujer es una estafadora y una mentirosa”, dice Omar en audios enviados desde Ucrania. Asegura que cuando intentó negarse a una misión, sus propios comandantes lo amenazaron con matarlo o encarcelarlo.

Reclutamiento con promesas falsas.

Una investigación documentó cómo Azarnykh usa su canal de Telegram, con más de 21 mil seguidores, para atraer principalmente a jóvenes de países pobres como Siria, Egipto, Yemen, Marruecos, Irak, Nigeria y Costa de Marfil.

Ahí ofrece “contratos de un año”, salarios de hasta US$2.500 mensuales y pagos de inscripción de US$5.000, además de la promesa de ciudadanía rusa. A los interesados les pide copias de sus pasaportes y ella misma gestiona los llamados documentos de invitación para entrar a Rusia.

La BBC identificó casi 500 invitaciones emitidas por Azarnykh en el último año. Sin embargo, reclutas y familiares aseguran que nunca se les explicó que no podrían abandonar el ejército, ni que un decreto ruso de 2022 permite extender automáticamente los contratos hasta que termine la guerra.

Del “trabajo seguro” al infierno del frente.

Omar llegó a Moscú en marzo de 2024, tras aceptar lo que creía era un empleo civil vigilando instalaciones. Junto a otros 14 sirios, quedó varado y sin dinero. Fue entonces cuando encontraron el canal de Azarnykh.

Ella los recibió, los llevó a un centro de reclutamiento en Briansk y ahí firmaron contratos en ruso, idioma que ninguno entendía. Según Omar, les quitaron los pasaportes y les prometieron que no pelearían si pagaban más.

Un mes después, estaba rodeado de explosiones.
Hay cadáveres por todas partes… si no mueres por una bomba, mueres por los escombros”, narró en mayo de 2024. En otro mensaje aseguró haber visto cómo los cuerpos eran metidos en bolsas y abandonados junto a árboles.

Muertos, desaparecidos y amenazas.

La BBC habló con 12 familias de hombres que, presuntamente reclutados por Azarnykh, murieron o están desaparecidos. También con ocho combatientes extranjeros que coinciden en que fueron engañados.

Desde Egipto, Yousef contó que su hermano Mohammed, estudiante universitario en Rusia, aceptó ayuda de Polina para pagar sus estudios. Poco después fue enviado a Ucrania. Murió en combate, aunque la familia lo supo casi un año después.

En otro audio obtenido, Azarnykh amenaza de muerte a una madre cuyo hijo estaba en el ejército, luego de que ella criticara públicamente a las fuerzas rusas.

“nada es gratis”

Con el tiempo, el discurso de Azarnykh cambió. En videos de octubre de 2024, reconoce que los reclutas sí participarán en hostilidades y lanza un mensaje directo:
¿Pensaban que tendrían un pasaporte ruso y vivirían en un hotel de lujo? Nada es gratis”.

Un excolaborador suyo, Habib, también sirio, asegura que Azarnykh recibía dinero por cada recluta, y afirma sin rodeos:
Se los llevaba sabiendo que iban a morir”.

Una red más grande.

Expertos aseguran que Azarnykh no es un caso aislado, sino parte de una red informal de reclutamiento. Otras cuentas de Telegram en árabe ofrecen esquemas similares y pagos en efectivo. Incluso autoridades de Kenia desmantelaron una presunta red que enviaba personas a pelear a Ucrania bajo engaños.

Mientras tanto, Rusia enfrenta enormes bajas. Más de un millón de soldados han muerto o resultado heridos desde 2022, según la OTAN, y al menos 20 mil extranjeros se habrían unido a sus filas.

Hoy, Omar logró salir del frente, obtuvo la ciudadanía rusa y regresó a Siria. Dos de sus compañeros no sobrevivieron.
Nos ve como números, no como personas”, dice.
Y sentencia: “No le perdonaremos lo que nos hizo”.

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Autor Redacción Amaneciendo

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