Mientras en Ucrania y Europa entraron en modo alarma para intentar corregir el nuevo plan de paz de 28 puntos impulsado por Donald Trump, un documento que según funcionarios está cargado a favor del Kremlin, el presidente ruso Vladimir Putin se mantuvo tranquilo, observando todo desde la orilla.

Para Putin, cualquier desenlace es ganancia: si el plan queda tal cual, Rusia sale favorecida, y si termina sin acuerdo, Trump podría cortar la ayuda a Ucrania y generar más tensión con los aliados europeos. En pocas palabras: él no pierde.
Durante el fin de semana, diplomáticos ucranianos, europeos y estadounidenses estuvieron movidísimos buscando meter cambios a la propuesta. Algunos ajustes “no especificados” ya quedaron sobre la mesa, y los equipos regresaron a sus países el lunes por la noche. Pero nadie sabe si Putin dará el visto bueno.
El viernes, en una videoconferencia, el dirigente ruso dijo que el plan podía servir como “base” para negociar, siempre y cuando hubiera un debate profundo. Pero también dejó caer la otra opción: seguir avanzando militarmente hasta que Ucrania acepte sus condiciones.

Y lo recalcó con frialdad: más ciudades ucranianas caerán bajo control ruso, “quizá no tan rápido como nos gustaría, pero inevitablemente”. Según él, a Moscú también le acomoda seguir peleando porque están dispuestos a perseguir sus intereses por la vía armada.
Su mensaje fue clarito: cree que su sistema autoritario aguanta más tiempo que la voluntad y los recursos de sus rivales.
Alexander Gabuev, del Centro Carnegie Rusia Eurasia, lo resumió así: Occidente está en un concurso de resistencia con Putin, y “Putin puede ser duro como una roca”. El problema es que, aunque los ucranianos también han demostrado fortaleza, no tienen suficientes recursos, desde armas hasta dinero.
Claro, tampoco es como que Rusia la tenga fácil. La economía rusa sufre por la baja en ingresos petroleros y por las nuevas sanciones del gobierno de Trump, que han golpeado a empresas como Rosneft y Lukoil. Moscú tuvo que subir impuestos y hasta recortar el presupuesto militar del próximo año, mientras sus tropas avanzan lento y con un costo enorme.
Aun así, Putin piensa que el tiempo lo favorece. Volodímir Zelenski, en cambio, está bajo presión brutal: Trump le exige aceptar un acuerdo antes del jueves, la situación militar empeora y encima enfrenta un escándalo de corrupción que lo debilitó en casa. Para rematar, Ucrania se está quedando sin dinero y Europa duda en liberar miles de millones de dólares provenientes de fondos rusos congelados.
Trump también subió el tono, diciendo que Zelenski mostró “CERO GRATITUD” por los esfuerzos estadounidenses. Ese “esfuerzo” terminó produciendo el plan de paz que Ucrania intenta cambiar hoy.
El lunes, Yuri Ushakov, asesor del Kremlin, dijo que muchas partes del plan eran “aceptables”, aunque no todas, y que requerían más discusión. Y remató diciendo que las contrapropuestas europeas no eran constructivas.
Entre los puntos del documento resaltan las viejas exigencias de Putin, como dejar por escrito que Ucrania jamás entrará a la OTAN. Y aunque algunos apartados son más suaves que versiones anteriores —por ejemplo, permitirle a Ucrania tener hasta 600,000 militares, cuando Rusia antes proponía 100,000— tampoco está claro si Putin lo aceptaría, incluso en su forma original.

Putin aseguró que ya había hecho “concesiones”. Recordó que en agosto, cuando se reunió con Trump en Alaska, los estadounidenses pidieron flexibilidad, y él estuvo “dispuesto” a considerar cambios, sobre todo sobre el tema territorial.
Los negociadores rusos habrían renunciado a exigir la entrega completa de las cuatro regiones que Moscú dice haberse “anexionado” en 2022, a pesar de que no las controla todas. En Alaska, Putin dijo que podría detener la guerra si Ucrania cedía únicamente la parte de Donetsk que aún mantiene, para convertirla en una “zona desmilitarizada” reconocida como territorio ruso.
Pero vender esa “concesión” en casa sería difícil: Rusia ha presentado su ofensiva como una misión para “rescatar” a la población rusoparlante de Donetsk y Lugansk, y no tomar el resto de Donetsk sería complicado de justificar.
Para Stefan Meister, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, todo depende de si Putin realmente estaría dispuesto a ceder algo. Su lectura es que el presidente ruso podría estar intentando romper la relación de Trump con Zelenski y con Europa, lo que dejaría a Rusia en una posición más cómoda para someter a Ucrania por la fuerza.

En palabras del propio Meister: Putin espera que Trump se canse, retire apoyo y deje a Europa sin capacidad de reemplazarlo.
Y al final, la meta de Putin no cambia: “quiere quebrar a Ucrania”.
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