La llegada del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y moderno del planeta, a aguas cerquita de América Latina, encendió todas las alarmas. Es la presencia militar gringa más pesada en la región desde la invasión de Panamá en 1989. Y así como pasó con Manuel Antonio Noriega en aquel entonces, Nicolás Maduro también carga encima acusaciones de narcotráfico, mismas que él niega a todo pulmón.

Aunque Washington no termina de decir qué busca con este movimiento, Caracas ya se puso en modo alerta. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, informó que se lanzó un “despliegue masivo” de fuerzas terrestres, aéreas, marítimas, fluviales, misiles y hasta milicias civiles por todo el país. Maduro, según dijo, ordenó movilizar casi 200 mil soldados.
Expertos aseguran que este despliegue es la respuesta al “superportaaviones” estadounidense, visto como un capítulo más de la campaña militar impulsada por Donald Trump contra supuestos carteles de droga que operan en Venezuela. Dicha campaña ya ha dejado más de 75 muertos en operativos contra lanchas y embarcaciones semisumergibles.
Pero analistas creen que podría haber algo más grande detrás: una estrategia para seguir debilitando —o incluso tumbar— al gobierno de Maduro, al que Washington considera ilegítimo desde las elecciones del año pasado, calificadas como fraudulentas por la oposición.
“El ejército es una sombra de lo que fue”.
Maduro presume que más de ocho millones de personas están listas para defender al país. Pero especialistas dicen que esa cifra no cuadra por ningún lado. James Story, exembajador de EE.UU. para asuntos de Venezuela, señala que el número real es mucho menor y recuerda que ni siquiera juntó cuatro millones de votos en las últimas elecciones. También apunta a la alta deserción militar.

De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Venezuela tiene 123 mil tropas activas, unos 220 mil milicianos y 8 mil reservistas. Sin embargo, Story recalca que una buena parte no está entrenada, no tiene mantenimiento de equipo, y muchos milicianos ni siquiera cuentan con armas. “Es un ejército con pocas unidades realmente capaces”, comenta.
Aun así, Venezuela tiene algunos recursos avanzados en teoría. Entre ellos: unos 20 aviones Sukhoi comprados a Rusia en 2006, y un puñado de F-16 estadounidenses adquiridos en los años 80. Según Story, “los Sukhoi siguen siendo superiores a cualquier otro avión en la región”, aunque pocos continúan operativos. De los F-16, tal vez uno o dos siguen funcionando.
Misiles, drones y equipo que funciona… a medias.
A finales de octubre, Maduro aseguró que colocaron 5,000 misiles antiaéreos Igla-S en puntos estratégicos de defensa. Estos misiles son capaces de derribar drones, helicópteros y aviones que vuelen bajito.
Venezuela también presume vehículos blindados chinos VN-4 y drones armados de fabricación nacional, los ANSU-100 y ANSU-200, basados en modelos iraníes. Irán también les mandó lanchas rápidas Peykaap-III con misiles antibuque.
Además, han recibido sistemas antiaéreos rusos Pantsir-S1 y Buk-M2E, recién transportados en aviones Il-76, según funcionarios rusos.

Pero el analista Andrei Serbin Pont, presidente de CRIES, explica que hay una enorme brecha entre lo que Venezuela “tiene” en papel… y lo que realmente puede usar. Mucho equipo está descompuesto, sin repuestos o simplemente fuera de servicio.
Los sistemas Pechora —misiles de los años 60— pueden ser neutralizados fácilmente por tecnología de EE.UU. Los Buk son más efectivos, pero también registrarían una disponibilidad bajísima por falta de piezas.
Aunque existen 5,000 misiles Igla-S, solo hay alrededor de 700 lanzadores, lo que sí genera preocupación: no tanto para operaciones estadounidenses, sino para vulnerar helicópteros o aeronaves civiles.
¿Venezuela puede aguantar un ataque?
La estrategia de Maduro, aseguran especialistas, es insinuar que si EE.UU. ataca, las armas se dispersarían entre la población. Esto, dicen, abre la puerta a que terminen en manos de grupos armados como el ELN o disidencias de las FARC, lo que podría generar caos en cualquier transición política.
El ministro Diosdado Cabello ya advirtió que Venezuela está lista para una “guerra prolongada”. Incluso se ordenó a soldados enseñar a comunidades pobres a usar armas.
Pero Story lo duda: “Maduro no es una figura querida ni por la población ni por las Fuerzas Armadas. No creo que la gente lo siga en una guerra de guerrillas”. Recalca que ni con el Consejo Nacional Electoral —dominando por el oficialismo— logró cifras contundentes en las últimas elecciones.
¿Qué tan preparado está el ejército venezolano?
Serbin Pont afirma que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no está lista para un conflicto real. Han operado bajo la doctrina de “periodización de la guerra”, donde primero habría inestabilidad interna, luego un conflicto con un país vecino, y después una posible intervención de EE.UU. Finalmente, vendría una etapa de resistencia popular con guerrilla dispersa.

En un conflicto con Brasil o Colombia, el equipo convencional venezolano podría servirle. Pero contra Estados Unidos, asegura el experto, no representa una amenaza seria.
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