La historia de Ruth López, reconocida abogada y defensora de derechos humanos, se ha convertido en uno de los casos más sonados de El Salvador. Y no es para menos: lleva meses incomunicada, desde que fue movida el 4 de julio a la Granja Penitenciaria de Izalco, donde ni su familia ni su equipo legal han podido verla.

Su esposo, Louis Benavides, asegura que desde ese día la información es prácticamente nula. Aunque los abogados lograron revisar el expediente, éste fue declarado totalmente reservado por la Fiscalía General de la República (FGR), dirigida por Rodolfo Delgado, reelecto en 2024 por la Asamblea dominada por el oficialismo.
Una detención envuelta en dudas
Según relata Benavides, todo comenzó la noche del 18 de mayo, casi a medianoche, cuando agentes llegaron a su casa diciendo que el vehículo de Ruth había estado involucrado en un accidente. Minutos después, cambiaron la historia y anuncióron que existía una orden de detención administrativa en su contra. Desde ese momento, él supo que algo no estaba bien.
La FGR primero la acusó de peculado, pero luego modificó el cargo a enriquecimiento ilícito, argumentando que su nombre había salido a relucir en las investigaciones contra Eugenio Chicas, exmagistrado del TSE. Para Louis, estas acusaciones “son completamente falsas” y sólo buscan callar la labor anticorrupción que su esposa realizaba como parte de Cristosal.
“El régimen sintió que tenía que callarla”.
Ruth lo dijo públicamente al salir a una audiencia el 4 de junio, cuando le dictaron prisión preventiva:
“No me van a callar. ¡Quiero un juicio público! El que nada debe, nada teme”.

Para Benavides, ese día quedó claro que la molestia del gobierno era su trabajo, pues Ruth destapó investigaciones sobre:
- Manejo oscuro del dinero de las tiendas penitenciarias.
- Contratos irregulares del Ministerio de Salud durante la pandemia.
- Casos de corrupción dentro del gobierno.
Reconocida internacionalmente, pero castigada en su país.
Antes de su arresto, su trabajo la llevó a recibir el Premio Magnitsky 2025 en Londres, que su esposo tuvo que recibir en su nombre. Además, la BBC la incluyó en 2024 entre las 100 mujeres más influyentes e inspiradoras del mundo.
Sin embargo, mientras afuera era aplaudida, dentro de El Salvador la vigilancia era constante. Benavides cuenta que la seguían, la fotografiaban y la presionaban, especialmente después de sus investigaciones.
Incomunicación total y un proceso lento.
Desde julio no se le permite recibir visitas, ni siquiera de sus abogados. Cada avance del caso debe hacerse dentro del recinto judicial, donde el acceso al expediente está restringido. “Así es imposible preparar la defensa”, lamenta Benavides.

A esto se suma la preocupación por su salud. Él solo sabe de ella porque cada cierto tiempo lo contactan para llevar sus medicamentos, pero nada más.
Un país donde el miedo crece.
Tras las capturas de López y del abogado Enrique Anaya Barraza, muchos periodistas y activistas salieron al exilio por temor. Para Benavides, esto muestra que el gobierno busca callar toda voz crítica, especialmente bajo el régimen de excepción vigente desde marzo de 2022, prorrogado más de 40 veces.
El presidente Nayib Bukele, pese a las críticas, mantiene una popularidad altísima tras la disminución de violencia atribuida a su administración, aunque investigaciones señalan posibles pactos con pandillas.
Cristosal se va, pero no se rinde.
Debido al clima de persecución, Cristosal trasladó su sede a Guatemala, desde donde intenta seguir documentando casos de violaciones a derechos humanos en El Salvador. Aun así, Benavides reconoce que cada vez menos personas se atreven a involucrarse por el riesgo que implica.

El llamado final.
Louis Benavides pide algo simple:
un juicio justo, público y transparente.
Insiste en que Ruth es inocente y que detenerla fue un mensaje para intimidar. También hace un llamado a la comunidad internacional:
“Seguir apoyando a gobiernos autoritarios sólo fortalece el deterioro democrático”.

Mientras tanto, él y su familia siguen en El Salvador, esperando que no ocurra una tragedia, como la que han vivido otros detenidos sin sentencia.
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