Ricardo Anaya Cortés, ex candidato presidencial del Partido Acción Nacional, reconoció que su decisión de buscar la presidencia en 2018 fue apresurada y que, con la madurez actual, habría preferido continuar su carrera política desde el Senado antes de dar ese paso. Durante su participación en el podcast Hablemos de N+, conducido por Denise Maerker, el panista reflexionó sobre su trayectoria y calificó su candidatura como un atajo que hoy considera un error estratégico.

Anaya, quien representó la coalición Por México al Frente, integrada por partidos de derecha e izquierda, admitió que no era su momento político. Aseguró que, de haber esperado entre seis y doce años, habría tenido una mayor madurez y perspectiva para asumir un desafío de esa magnitud. También afirmó que los años fuera del país, tras las acusaciones que enfrentó y que calificó como persecución política, le permitieron desarrollar una visión más serena sobre su carrera.
El ex candidato panista explicó que los golpes personales y las experiencias difíciles lo llevaron a entender que carecía de la madurez necesaria cuando decidió lanzarse a la contienda presidencial. Dijo que, con el paso del tiempo, aprendió a valorar la importancia de la prudencia y la paciencia en la política, y reconoció que su candidatura fue producto de una mezcla de presión interna, ambición y falta de pausa para reflexionar.
Anaya reconoció además que la prisa no fue solo suya, sino de todo su equipo, al que definió como un grupo empujado por la inercia política del momento. Comentó que dentro del PAN existía la idea de que renunciar a la candidatura significaría perder el control del partido, lo que los llevó a avanzar sin detenerse a pensar si realmente era el momento adecuado.
Durante la conversación, el panista también habló sobre el desgaste que sufrió Acción Nacional tras doce años en el poder, señalando que los escándalos de figuras como Genaro García Luna afectaron profundamente la credibilidad del partido. Aseguró que ese deterioro contribuyó a la derrota electoral y generó una división interna entre quienes buscan asumir los errores y quienes prefieren ignorarlos.
Finalmente, Anaya subrayó que su etapa actual es de reflexión y reconstrucción personal. Considera que su paso por la política nacional le dejó lecciones de humildad y autocrítica, y no descarta un eventual regreso, aunque con una visión más madura y una comprensión más clara de los tiempos y responsabilidades que implica liderar un proyecto político en México.
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