Ni las cámaras, ni los guardias, ni la historia pudieron detenerlos. En menos de ocho minutos, un grupo de cuatro ladrones logró entrar al museo del Louvre, llevarse joyas imperiales y escapar como si nada, dejando a París en shock y al mundo preguntándose: ¿cómo lo hicieron?

Todo ocurrió el domingo por la mañana, cuando el museo más visitado del planeta abría sus puertas al público. Mientras los turistas formaban fila para ver la Mona Lisa bajo la icónica pirámide de cristal, un camión con una escalera mecánica se detuvo discretamente al otro lado del río Sena, a unos 180 metros de la entrada principal. Ahí comenzó una de las operaciones más audaces en la historia reciente de Francia.
A las 09:30, dos hombres subieron por la escalera hasta un balcón del ala sureste del museo, justo en la Galería de Apolo, donde durante más de un siglo se han exhibido las joyas de la corona francesa. Con amoladoras eléctricas, rompieron los cristales y paneles de madera de una ventana que no estaba reforzada. A las 09:34 ya estaban adentro, mientras los guardias, desarmados, optaban por ponerse a salvo.

En menos de cuatro minutos, forzaron dos vitrinas metálicas y tomaron ocho piezas de valor incalculable, entre ellas tres tiaras, collares, pendientes y broches usados por figuras como la reina Hortensia de Holanda, la emperatriz Eugenia y María Luisa, esposa de Napoleón Bonaparte.
Las cámaras de seguridad muestran que los ladrones sabían exactamente lo que buscaban, actuando con precisión quirúrgica. Según confirmó un ministro francés, el golpe duró apenas 3 minutos y 57 segundos.
Pero no todo salió como lo planearon: en su huida, dejaron caer la corona de la emperatriz Eugenia, una joya de oro decorada con diamantes, esmeraldas y águilas en relieve. Aunque quedó dañada, la policía la recuperó cerca del punto de escape. También hallaron una chaqueta de alta visibilidad y parte del equipo que usaron, lo que podría dar nuevas pistas sobre su identidad. 👀
Pocos minutos después, una alarma sonó en la sala de control, aunque no se sabe si funcionó correctamente. Los visitantes fueron alejados de la galería mientras el personal trataba de entender qué estaba pasando. A las 09:38, los ladrones ya prendían fuego a las escaleras mecánicas para borrar huellas y huían en motocicletas Yamaha TMAX, capaces de alcanzar más de 160 km/h, perdiéndose entre las calles parisinas rumbo a la autopista A6, según la policía.

El botín, cuyo valor patrimonial fue calificado como “inconmensurable”, tiene más peso histórico que económico: son las pocas joyas que sobrevivieron a la Revolución Francesa y pertenecieron a las dinastías imperiales de Napoleón y su sobrino Napoleón III.
Hasta ahora, nadie sabe con certeza hacia dónde escaparon, y la investigación sigue abierta. Lo único claro es que el robo fue tan meticuloso que parece sacado de una película, pero con un guion demasiado real para el museo más famoso del mundo.

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