Sara Jenkins, de 24 años y originaria de #Columbus, #Ohio, pensaba que el verano de 2005 sería el mejor de su vida. Recién graduada en #periodismo, decidió hacer realidad su sueño: recorrer sola parte del sendero de los #Apalaches antes de enfrentarse a la rutina de oficina y facturas. Con meses de preparación, investigación y equipo nuevo, se lanzó a la aventura con fuerza, independencia y muchas ganas.

Sus primeras semanas fueron un sueño: caminatas entre bosques densos, cimas pintorescas y encuentros con otros viajeros. Sara contaba todo en su blog “Sara Sees the World”, con fotos y relatos de la naturaleza, las dificultades del camino y la generosidad de los “ángeles del sendero”, quienes le ofrecían comida o refugio. Sus escritos reflejaban felicidad, libertad y entusiasmo por la aventura.
Pero esta historia no habla del trail ni de sus riesgos naturales. No, esto se trata de un monstruo que vivía a plena vista, saludando a los autos que pasaban, observando cada día su creación macabra a la que llamaba Espantapájaros.
Dos años después de su desaparición, los restos de Sara aparecieron entrelazados con paja podrida y clavados en una cruz de madera en medio de un enorme maizal en Virginia, como parte del horripilante espantapájaros del asesino. Lo que comenzó como la travesía de sus sueños terminó convertido en pesadilla, dejando a todos boquiabiertos y con un frío escalofrío por lo que alguien puede hacer a plena vista.
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