La bomba estalló este lunes en #Brasil: el Tribunal Supremo ordenó arresto domiciliario para #JairBolsonaro, expresidente de derecha, por presuntamente haber estado metido en un plan golpista tras perder las elecciones en 2022. Aunque él niega todo, la cosa se puso seria.

La decisión la tomó el juez Alexandre de Moraes, quien asegura que Bolsonaro se pasó por alto las medidas cautelares que le habían impuesto, como mantenerse alejado de redes sociales. Pero el expresi, lejos de obedecer, habría usado las cuentas de sus hijos y aliados para echar leña al fuego contra el Supremo y pedir intervención extranjera.
Por si fuera poco, Moraes ahora está sancionado por EE.UU., y desde allá no se quedaron callados. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental tronó contra el juez acusándolo de silenciar a la oposición y pisotear la democracia. “¡Dejen que Bolsonaro hable!”, fue el mensaje directo desde Washington.
Y por supuesto, la familia Bolsonaro no se quedó atrás. Eduardo Bolsonaro, su hijo y diputado federal, que vive en EE.UU., estalló en redes: “Sin crimen, sin pruebas, sin juicio. Brasil ya no es una democracia. ¡El mundo tiene que darse cuenta!”.

Ese mismo día, la organización Civilization Works soltó un informe en el que acusa a Moraes de crear un equipo para justificar arrestos del 8 de enero en redes sociales. Casualidad o no, ese mismo día cayó la orden contra Jair.
Flávio Bolsonaro, otro de los hijos del expresidente, también puso el grito en el cielo. En entrevista con CNN Brasil, dijo que esto es prueba de que “Brasil ya está oficialmente en una dictadura”, y que su papá es víctima de una “venganza personal” del juez Moraes. Incluso lo acusó de haber inclinado las elecciones de 2022 en contra del exmandatario.
El fin de semana pasado, las calles de varias ciudades brasileñas se llenaron de simpatizantes de Bolsonaro. En Río de Janeiro, Flávio incluso puso al expresidente en altavoz ante los manifestantes. También hubo llamadas con Nikolas Ferreira durante las marchas en São Paulo. Todo eso terminó por enfurecer aún más al Supremo.
Y pum… nueva orden judicial. Ahora Bolsonaro tiene estrictamente prohibido usar celular (ni el suyo ni prestado), recibir visitas (solo abogados y personas autorizadas) y ya no puede hablar con su hijo Eduardo. Todo por, supuestamente, seguir incitando a que Donald Trump meta mano en su caso.
Justamente la Procuraduría General de la República había acusado a Eduardo Bolsonaro de andar moviendo influencias en EE.UU. para conseguir sanciones contra funcionarios brasileños. Según ellos, sus publicaciones tenían un tono intimidante y buscaban presionar desde el extranjero.

Y hablando de presión… Donald Trump no se quedó callado. Llamó al proceso contra su aliado “una cacería de brujas” y como si fuera poco, le aventó a Brasil un 50% de aranceles en algunos productos, pese al superávit comercial.
El juez Moraes no se guardó nada. En su resolución afirmó que Bolsonaro seguía violando las restricciones con total descaro, incluso preparando mensajes desde casa para circularlos durante las protestas. Por eso, dijo, “se requieren medidas más duras para frenar la conducta del acusado”.
Con esta detención domiciliaria, Bolsonaro se convierte en el cuarto expresidente brasileño en ser arrestado desde el fin de la dictadura en 1985. Antes que él, cayeron Lula, Michel Temer y Fernando Collor de Mello.
Mientras tanto, Dilma Rousseff fue detenida en tiempos de la dictadura, y otros expresidentes como José Sarney, Fernando Henrique Cardoso e Itamar Franco nunca pisaron la cárcel.
La historia aún no termina, pero lo que es claro es que Brasil vive días intensos, con las redes ardiendo y la política en llamas 🔥🇧🇷.
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