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¡Se les fue medio equipo! Redada del ICE paraliza fábrica cárnica en Nebraska. 💥

Una redada sorpresa del ICE dejó a Glenn Valley Foods casi sin personal, y la producción se les vino abajo un 70% en solo unas semanas. La empresa, ubicada en Omaha, apenas si puede mantener las líneas en marcha y ahora enfrenta el reto de reconstruirse desde los cimientos.

Esto fue un golpe total. Estamos empezando desde cero”, lamentó Gary Rohwer, el dueño de 84 años, mientras su equipo directivo se reunía en una sala prácticamente vacía.

Hace poco más de tres semanas, agentes federales irrumpieron en las instalaciones con una orden de arresto contra 107 trabajadores que, según las autoridades, usaban identificaciones falsas. Fue parte de una ofensiva a gran escala del gobierno de Donald Trump, que ese verano buscaba detener a 3 mil migrantes diarios, no solo en la frontera, sino en el corazón de la economía gringa: cocinas, huertos, obras y plantas procesadoras de carne como esta.

Aunque Glenn Valley siempre utilizó el sistema E-Verify para revisar la documentación de sus empleados, más de 50 fueron enviados a un centro de detención y la fábrica quedó casi paralizada. El director de recursos humanos renunció, la mitad del personal de mantenimiento está en proceso de deportación, y las líneas de producción están estancadas.

Perdimos a todos los supervisores, a quienes sabían operar las máquinas, a quienes conocían el proceso”, se quejó un gerente. “Nos quedamos sin columna vertebral”.

Rohwer, a pesar de ser republicano de toda la vida, votó por un demócrata en 2024. Dice que no pudo soportar la manera en que el expresidente trató a los migrantes. “Lo que dijeron de ellos no coincide con la gente que yo conozco, personas que han trabajado duro durante años y que ayudaron a construir esta empresa”, dijo con impotencia.

Familias rotas, llamadas con límite de tiempo. 📞

Una de esas personas es Elizabeth Rodríguez, madre de cuatro hijos y trabajadora ejemplar. Fue detenida el día de la redada y llevada a un centro de detención. Su hijo mayor, Omar, tuvo que buscarla viendo videos en redes sociales y revisando registros de arrestos.

Ahora, la familia sobrevive con llamadas de 15 minutos desde la cárcel. “¿Están comiendo? ¿Durmiendo?”, les pregunta Elizabeth. Sus hijas aprendieron a cocinar con sus recetas, y su hijo menor, de 7 años, sufrió ataques de pánico.

Omar, mientras tanto, trabaja por las noches para cubrir gastos y está reuniendo 5 mil dólares para pagar la fianza de su madre. Rechazó la oferta del gobierno de autodeportarla a cambio de mil dólares y un boleto a México.

Su hermana de 17 años escribió al juez: “Sigo viva gracias a mi madre. Si no regresa, temo lo que nos pase”.

Contratar sin saber a quién.

Chad Hartmann, presidente de la empresa, se enfrenta ahora al caos. La mañana de la redada, todo iba perfecto: líneas llenas, producción al tope. Pero en segundos, llegaron los agentes, gritaron en español y detuvieron a decenas de trabajadores. Algunos se encerraron en congeladores, otros escaparon al techo. Uno de ellos, Marvin Zepeda, fue electrocutado por una pistola táser tras resistirse y terminó siendo escoltado con las manos atadas. “Y aún así me sonrió y levantó el pulgar al irse”, contó Hartmann conmovido.

La empresa ahora intenta reiniciar contrataciones, pero es complicado. Aunque ofrecen casi 20 dólares por hora más bonos, el trabajo es pesado, con turnos de 10 horas de pie en una fábrica fría, cortando carne con maquinaria riesgosa. La mayoría de los nuevos solicitantes siguen siendo inmigrantes hispanos.

“El sistema está roto”, dicen desde dentro.

El nuevo director de recursos humanos, Alfredo Moreno, tiene la misión de reconstruir el equipo. Con 25 años de experiencia en otras plantas, Moreno lo tiene claro: “E-Verify no detecta a las personas, solo números. Y los números también se pueden robar”.

Su estrategia ahora es verificar las ID con luz negra y hacer entrevistas personales, buscando detalles que revelen si la identidad es falsa. “No es discriminar, es ser meticuloso”, explicó.

Mientras tanto, la planta intenta arrancar como puede. Los nuevos empleados llegan, pero algunos no pasan la verificación del DHS y otros deben esperar horas para ser aprobados. Una trabajadora incluso se lesionó el primer día.

A pesar de todo, el equipo sigue adelante. Hartmann recibió a los recién llegados con una frase que parecía más un ruego que una bienvenida: “Gracias por estar aquí en estos momentos tan difíciles”.

La jornada arrancó con frío, cascos blancos y batas nuevas. A la entrada, un letrero intentaba levantar el ánimo:
“Juntos logramos más”.

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Autor Redacción Amaneciendo

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