La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó duramente la presencia en México de Rosa María Payá, integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quien visitó el país sin notificar a las autoridades mexicanas para participar en actividades políticas de la oposición cubana. Desde Palacio Nacional, la mandataria señaló que si Payá viene a nombre de la CIDH no puede militar a favor de una u otra causa, sino limitarse a revisar si hay quejas en materia de derechos humanos.

Rosa María Payá, hija del célebre opositor cubano Oswaldo Payá, fue elegida por el pleno de la Organización de Estados Americanos a propuesta de Estados Unidos para formar parte de la CIDH. Su candidatura fue impulsada específicamente por el secretario de Estado Marco Rubio. Inició formalmente su cargo en enero de este año.
Lo que la presidenta no reconoce es la contradicción evidente entre exigir imparcialidad a los organismos internacionales de derechos humanos mientras su propio gobierno mantiene una relación de defensa incondicional hacia el régimen cubano. Sheinbaum anunció un segundo cargamento de ayuda humanitaria para Cuba incluso mientras criticaba a Payá, y dos buques de la Armada de México atracaron este jueves en La Habana con más de 800 toneladas de suministros.
La mandataria dijo que no es partidaria de aplicar el artículo 33 constitucional que permite expulsar a extranjeros que se inmiscuyen en asuntos políticos internos, pero aprovechó para reiterar que son cada vez más los medios digitales que difunden falsedades con el objetivo de denostar al gobierno. Un discurso ya conocido para desviar la atención de los cuestionamientos legítimos.
La derecha mexicana arropó a Payá durante su visita, en un movimiento que el oficialismo intentó descalificar como injerencia extranjera. Pero el fondo del asunto es que la posición del gobierno de Sheinbaum hacia Cuba y hacia los organismos hemisféricos de derechos humanos sigue siendo una de las mayores vulnerabilidades diplomáticas de la 4T.
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