La Sociedad Hipotecaria Federal registró entre 2018 y 2025 su menor nivel de colocación de crédito para vivienda en casi una década, reflejo de un sexenio marcado por un freno al financiamiento, tasas de interés elevadas y un debilitamiento del impulso público al sector inmobiliario. La contracción exhibe los límites de la banca de desarrollo para sostener el flujo de recursos en un entorno económico adverso.

De acuerdo con cifras oficiales, en 2018 el crédito directo e inducido de la SHF alcanzó 332,106 millones de pesos, mientras que para 2025 el monto se redujo a 276,387 millones. La caída, cercana a 17%, confirma un retroceso sostenido en la capacidad del Estado para acompañar la construcción y adquisición de vivienda, justo cuando el déficit habitacional se ha mantenido como uno de los pendientes estructurales.
El descenso ocurrió en un contexto de menor dinamismo económico y mayores costos financieros, pero también dejó ver una falta de estrategias contracíclicas efectivas desde el gobierno federal. Lejos de amortiguar el golpe al sector, la banca de desarrollo operó con cautela y redujo su alcance, limitando el acceso al crédito para desarrolladores y familias.
Ante este escenario, la Secretaría de Hacienda anticipa un posible repunte apoyado en el programa Vivienda para el Bienestar, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Según Rogelio Mauricio Rivero Márquez, titular de la Unidad de Banca de Desarrollo, la expectativa es que este programa marque un punto de inflexión tras años de estancamiento, luego de que las tasas de interés golpearan de lleno la colocación de financiamiento.
El funcionario aseguró que con el nuevo plan federal se busca detonar la construcción de 1.8 millones de viviendas y más de un millón de acciones habitacionales durante la actual administración. No obstante, el optimismo oficial contrasta con los resultados recientes, ya que entre 2018 y 2025 apenas se concretaron 791,177 acciones de vivienda con apoyo de la SHF, una cifra modesta frente a las metas anunciadas.
La distribución regional del financiamiento también revela desequilibrios. El sur-sureste concentró 41% de los apoyos, seguido del centro con 39% y el norte con apenas 20%, lo que refleja una política crediticia fragmentada y sin un impacto homogéneo en el país. En cuanto a los instrumentos utilizados, predominó la banca social, mientras que el crédito individual tuvo un peso marginal.
Aunque la SHF presume avances en vivienda sustentable a través del programa EcoCasa, que financió poco más de 73 mil viviendas entre 2018 y 2025, el balance general sigue mostrando una banca de desarrollo debilitada. El reto para el nuevo gobierno no es solo prometer un repunte, sino demostrar que el programa habitacional no será otro anuncio ambicioso que choque, una vez más, con la realidad de un sector financiero público que viene de su peor desempeño en años.
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