El escritor peruano Gustavo Rodríguez no escribió Mamita solo como un ejercicio literario, sino como una deuda emocional con su madre. Con ella pendiente y el tiempo encima, decidió contar la historia familiar que había pasado de generación en generación, aunque eso implicara hurgar en zonas incómodas del pasado.

Al reconstruir la vida de su abuelo materno, Otoniel Vela, un poderoso comerciante del Amazonas a inicios del siglo XX, Rodríguez se encontró con un Perú marcado por desigualdades brutales, relaciones de poder normalizadas y silencios históricos difíciles de digerir. Entre ellos, la relación entre su abuelo —50 años mayor— y su abuela adolescente, hija de una de las trabajadoras del hogar.
“Lo digas como lo digas, levanta cejas”, reconoce el autor.
Para evitar caer en una novela histórica clásica, Mamita se mueve en dos tiempos: el del auge del caucho amazónico —cuando su abuelo mandó construir en Iquitos el Hotel Palace, el primer hotel de lujo del país— y el del Perú actual, donde su alter ego conversa con su chofer sobre el amor, la familia, la escritura y una sociedad atravesada por racismo y corrupción.
Rodríguez no idealiza a su abuelo. Al contrario, lo define como un burgués típico de su época, convencido de que la naturaleza y las personas podían ser dominadas en nombre del “progreso”. Escribir el libro fue, dice, confirmar sus claroscuros y desmontar el mito familiar.
Más allá de lo íntimo, el autor lanza una crítica directa al país:
“Perú es una república en el papel y en las leyes, pero psicológicamente nos seguimos conduciendo como una colonia”.
Para él, el clasismo ligado al color de piel sigue marcando quién vive, quién muere y quién accede a oportunidades. “Tienes muchas más probabilidades de morir siendo mestizo que siendo blanco”, afirma sin rodeos.

Desde el genocidio del caucho —del que, dice, nunca le hablaron en la escuela— hasta la violencia actual, Rodríguez ve un patrón que se repite: víctimas con apellidos no españoles, regiones invisibilizadas y una élite concentrada en Lima que mira hacia otro lado.
El escritor, ganador del Premio Alfaguara por Cien cuyes, participa en el Hay Festival de Cartagena, que se realiza del 29 de enero al 1 de febrero, donde comparte esta mirada crítica sobre la memoria, la familia y un país que, según él, no podrá avanzar mientras no confronte su racismo de origen.

Mamita no es solo una novela familiar, es un espejo incómodo del Perú… y de buena parte de América Latina. 👀📖
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