Apenas cayó la quinta y última temporada de ‘Stranger Things’, Netflix se nos fue de espaldas: el servicio colapsó a los pocos minutos del estreno, dejando a miles sin poder reproducir los primeros episodios. Según Downdetector, la caída pegó durísimo con más de 14 mil reportes en Estados Unidos, aunque la plataforma aseguró que el problema solo afectó a algunas teles y que todo volvió a la normalidad en unos cinco minutitos, según respondió por correo a Reuters.

Y eso que Ross Duffer había presumido en Instagram que Netflix le había metido 30% más de ancho de banda para no repetir tragedias como el Tyson vs. Jake Paul o el show en vivo de Love is Blind en 2024. Pero pues… Hawkins nunca deja que nada salga tranquilo.
Mientras tanto, en la historia, el pequeño pueblo de Hawkins, Indiana, sigue atrapado en una cuarentena militar después de años de criaturas rarísimas, científicos locos y desaparecidos desde aquel 1983 que lo cambió todo. Ahora, nueve años después de arrancar, la serie regresa para despedirse con su última batalla.
Aunque el título dice ‘Stranger Things 5’, en realidad la temporada arranca directo donde terminó la cuarta. Vecna (Jamie Campbell Bower) sigue escondido en el Upside Down, maquinando su siguiente jugada, mientras arriba Hopper (David Harbour) arma un dojo improvisado para que Eleven (Millie Bobby Brown) refine los poderes con los que podrían darle un giro a la guerra.
A la par, el resto del squad —los ya no tan niños— organiza una misión para entrar al Upside Down y cerrar de una vez por todas el desastre que empezaron sin querer. Robin (Maya Hawke) intenta convencer a la banda de que es “un día normal en Hawkins”, pero pues todos sabemos que ahí la normalidad dura lo que un waffle en manos de Eleven. Y sí: Vecna vuelve a meter las manos en el mundo real, destapando un plan que huele a repetición de tragedia.
Desde 2016, ‘Stranger Things’ se convirtió en una de las joyas del contenido original de Netflix. Su mezcla de aventura ochentera, humorcito y terror sobrenatural amarró al público desde el día uno, y la plataforma le dio aire para crecer sin prisas. Por eso, este primer bloque final se siente firme y con rumbo. “No paramos hasta que ese bastardo arrugado quede muerto y enterrado”, suelta Mike (Finn Wolfhard), resumiendo la vibra de la temporada.
Y aunque los personajes estén hasta el cuello de problemas, la serie mantiene el estilo irreverente que evita que se vuelva demasiado oscura. Entre chistes, caos y nostalgia, el show sigue brillando con su diseño de producción impecable y rolas icónicas de Diana Ross, The Chordettes y Tiffany, que vuelven a ponerte los pelos de punta como en sus mejores días.
Pero también llega el fenómeno que varios fans ya detectan: una especie de “marvelización”, donde todo ocurre entre peleas épicas, amenazas gigantes y drama nonstop. Hopper lo advierte: “Hay una línea muy fina entre la valentía y la estupidez.” Y también entre tensión y estiramiento, porque estos episodios duran entre 57 y 86 minutos, lo que a veces mete repeticiones innecesarias: casi matan al demogorgon, casi escapan de Vecna, casi salvan al mundo… y así en bucle.
La serie también cae en otro detallito: demasiado tiempo metidos en el Upside Down. En las temporadas iniciales, el encanto era ver a los niños viviendo aventuras cotidianas con toques de fantasía. Ahora casi todo pasa entre sombras y monstruos, como si ‘IT’ de Stephen King dedicara el 90% del libro a Pennywise sacando los colmillos.
Aun así, el corazón sigue estando donde siempre: en el grupo que creció frente a la cámara junto a los hermanos Duffer, más las actuaciones intensas de Winona Ryder y David Harbour. Como dice Joyce, con voz entrecortada: “A veces la gente necesita que alguien crea en ellos.”
Además, Joe Keery y Maya Hawke se siguen robando las escenas como Steve y Robin, con ese carisma que rescata incluso los momentos donde la trama se atora. Como una canción de Kate Bush que suena justo cuando ya te había soltado la emoción.
Ahora solo queda esperar a Año Nuevo para ver si este adiós está a la altura de lo que construyó la serie. Porque sí, los Duffer levantaron un universo entrañable en un pueblo golpeado por la mala suerte… y el verdadero peligro ahora es que tanta espectacularidad no le gane a esos momentos íntimos donde el show te recordaba cómo es crecer, encontrar tu lugar y despedirte de la infancia.
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