Suecia y Noruega anunciaron el envío de personal militar a Groenlandia en una señal clara de respaldo a Dinamarca y de preocupación ante el aumento de tensiones provocadas por la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha reiterado su interés en controlar la isla ártica. La decisión refuerza la presencia aliada en una región cada vez más estratégica y disputada.

El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, informó que este miércoles llegaron a Groenlandia varios oficiales de las Fuerzas Armadas suecas, enviados a petición directa de Dinamarca. Estos elementos participarán en la preparación de maniobras militares conjuntas como parte del ejercicio Operation Arctic Endurance, enfocado en mejorar la capacidad operativa en condiciones extremas del Ártico.
Noruega también confirmó su participación. El ministro de Defensa, Tore O. Sandvik, señaló que su país enviará a dos militares con el objetivo de explorar vías para incrementar la cooperación entre los aliados. Según explicó, dentro de la OTAN existe actualmente un diálogo activo sobre cómo reforzar la seguridad en el Ártico y particularmente en las zonas cercanas a Groenlandia, aunque aún no se han definido conclusiones formales.
Estos anuncios coincidieron con la decisión del Ministerio de Defensa de Dinamarca de aumentar de manera inmediata su presencia militar en el territorio autónomo. El movimiento se produce en medio de las fricciones con Washington, luego de que Trump insistiera en que Estados Unidos necesita Groenlandia y dejara abierta la posibilidad de hacerse con la isla por la vía política o mediante presión directa.
Las autoridades danesas subrayaron que el objetivo de las maniobras y del refuerzo militar es entrenar a las fuerzas aliadas para operar en el entorno ártico y consolidar la huella de la Alianza Atlántica en la región. Entre las actividades previstas se incluyen la protección de infraestructura crítica, apoyo a autoridades civiles, recepción de tropas aliadas, despliegue de aeronaves de combate y operaciones navales.
En el fondo, el despliegue busca enviar un mensaje político: Groenlandia no está sola. En días recientes, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, había advertido sobre la necesidad de fortalecer la presencia aliada en la isla, mientras países como Alemania y Reino Unido consideran que una mayor implicación europea puede servir para contener las ambiciones de Trump, quien justifica su presión en supuestas amenazas de Rusia y China.
La tensión quedó evidenciada también en Washington, donde el canciller danés Lars Løkke Rasmussen y la ministra groenlandesa Vivian Motzfeldt se reunieron con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en un encuentro encabezado por el vicepresidente JD Vance. Sin acuerdos visibles y con posturas aún enfrentadas, el refuerzo militar europeo confirma que el futuro de Groenlandia se ha convertido en un nuevo punto de fricción geopolítica, alimentado por la insistencia de Trump y la creciente rivalidad en el Ártico.
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