El gobierno de Japón encendió los focos rojos esta semana al soltar un aviso poco común: subió la posibilidad de que ocurra un megaterremoto —uno de magnitud 8 o más— en los próximos días. Aunque no hay manera de saber con exactitud cuándo pasará un sismo, las autoridades advierten que las condiciones actuales muestran un riesgo más alto de lo normal.

Todo empezó el lunes, cuando un terremoto de 7.6 grados sacudió la costa cercana a la prefectura de Aomori, al norte del país. Ese movimiento hizo que los expertos revisaran los registros históricos, y ahí fue donde saltó la alarma: la probabilidad de que se presente un sismo de magnitud 8 durante la próxima semana subió al 1%. Puede sonar poquito, pero es casi diez veces más que las probabilidades habituales.
¿Por qué tanto alboroto?
Para el gobierno japonés, cualquier sismo arriba de 8 grados entra en la categoría de megaterremoto. Y pa’ que te des una idea: uno de 8 grados es 32 veces más fuerte que uno de 7. Así que, aunque el 1% parece poco, allá no se lo toman a la ligera.
El aviso no obliga a evacuar ni limita actividades diarias, pero sí pide que la banda esté preparada. No es una exageración: el lunes se movieron puentes, edificios y más de 30 personas resultaron lesionadas, aunque sin pérdidas humanas ni daños mayores.
La sombra del pasado.
El gobierno recordó lo que pasó en marzo de 2011, cuando un terremoto de 9.1 grados destrozó la costa noreste y provocó un tsunami que dejó más de 19 mil fallecidos. Dos días antes, ya había ocurrido un temblor más pequeño. Casos así muestran que los sismos fuertes pueden venir “en cadena”.
Según Fumiaki Tomita, del Instituto Internacional de Investigación de Ciencias de los Desastres de la Universidad de Tohoku, este nuevo aviso se emitió porque las condiciones actuales hacen “más probable de lo normal” la aparición de un sismo grande. Y Takuya Nishimura, de la Universidad de Kioto, confirma que el riesgo actual es 10 veces mayor que el promedio para un evento de magnitud 8 en esa región, que va desde el norte de Japón hasta los alrededores de Tokio.
En Japón, la tierra nunca está quieta.
El país está justo sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, conocido por su intensa actividad sísmica. Allá se registran unos 1500 sismos al año, o sea, unos tres diarios. No sorprende que también tengan un largo historial de megaterremotos, incluyendo el de 2003, que pegó frente a Hokkaido y dejó sin luz a miles.
El sistema de avisos de megaterremotos se creó en 2022, y desde entonces solo se ha utilizado una vez: en 2024, cuando la alerta expiró luego de siete días sin que ocurriera un sismo mayor.
Son los masters de las alertas tempranas.
Aunque no existe tecnología capaz de predecir exactamente dónde y cuándo va a temblar, Japón sí tiene uno de los sistemas de alerta temprana más avanzados del mundo. El gobierno opera cientos de sismómetros en tierra y mar que detectan las ondas iniciales del sismo en segundos, lo que permite avisar casi de inmediato.
Cuando las sacudidas alcanzan 3 o más en la escala sísmica japonesa (que va del 0 al 10), la Agencia Meteorológica emite un informe en menos de minuto y medio.
Otros países también han mejorado, como Chile, que reforzó sus normas de construcción tras el sismo de 7.8 en 1985, o México, que ha ajustado sus reglas una y otra vez y hoy es de los más avanzados en preparación sísmica. Japón, por su parte, endureció sus códigos en 1981 y 2000 para garantizar mayor seguridad.
¿Y ustedes, notiamigs, qué opinan? ¿Creen que Japón está exagerando o es mejor prevenir que lamentar? 👀
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