Desde Washington la reacción fue inmediata y calculada. El presidente Donald Trump elogió la actuación de las Fuerzas Armadas de México tras el operativo que terminó con la vida de El Mencho. A través de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, la administración estadounidense confirmó que proporcionó apoyo de inteligencia para ubicar y eliminar al líder del CJNG, calificando el resultado como un avance significativo para ambos países.

Leavitt no dejó pasar la oportunidad de recordar que Trump designó al Cártel Jalisco Nueva Generación como organización terrorista extranjera y que su gobierno seguirá asegurándose de que los narcoterroristas que envían drogas letales a Estados Unidos enfrenten las consecuencias. El mensaje celebraba la victoria pero al mismo tiempo reforzaba la narrativa de mano dura que Trump ha mantenido desde su regreso a la presidencia.
Christopher Landau, subsecretario de Estado, también se pronunció al calificar a El Mencho como uno de los capos más sanguinarios y despiadados del narcotráfico. Este es un gran avance para México, Estados Unidos, América Latina y el mundo, escribió en la red social X, al tiempo que advirtió que los cárteles estaban respondiendo con terror a la acción de las fuerzas de seguridad.
Sin embargo, la cooperación bilateral no disipa la tensión acumulada. Apenas semanas antes, Trump había insinuado acciones militares directas contra los cárteles en suelo mexicano, y su zar antidrogas, Sara Carter, utilizó el término eliminación exitosa para referirse a la operación. Las palabras de Washington siguen oscilando entre el reconocimiento diplomático y la amenaza velada de una intervención más profunda.
La administración Trump envía así un mensaje doble: felicita a México por hacer el trabajo, pero deja claro que si los resultados no continúan, las opciones sobre la mesa incluyen medidas que la soberanía mexicana difícilmente toleraría. El Mencho cayó, pero la partida de ajedrez entre los dos países sigue en juego.
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