El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender las alarmas al insistir en que su gobierno podría actuar directamente contra los cárteles mexicanos, incluso con operaciones en tierra, bajo el argumento de frenar el tráfico de drogas hacia su país.

En entrevistas recientes con Fox News, Trump aseguró que México ha rechazado su “oferta” para eliminar a los grupos criminales y sostuvo que su administración ya intercepta el 97% de las drogas por vía marítima, por lo que ahora —dijo— es momento de actuar en territorio continental.
México podría parecer un objetivo lógico dentro de su discurso: es el principal productor de fentanilo con destino a Estados Unidos y la ruta clave de la cocaína sudamericana. Sin embargo, especialistas coinciden en que Trump simplifica en exceso un problema profundamente enraizado y fragmentado.
No son unos cuantos cárteles, son cientos de grupos.
Lejos de la imagen de grandes organizaciones encabezadas por capos todopoderosos, el mapa criminal mexicano ha cambiado drásticamente. Hoy operan alrededor de 400 grupos criminales en todo el país, muchos de ellos escisiones de antiguos cárteles, explica Eduardo Guerrero, director de Lantia Intelligence.
El caso del Cártel Jalisco Nueva Generación es ilustrativo: funciona como una red integrada por unas 90 organizaciones distintas, lo que lo hace más resistente y difícil de desarticular.
“Están prácticamente en todas partes”, advierte Guerrero.
El fracaso de la estrategia de “cazar capos”.
México ya intentó durante más de una década eliminar a los líderes del narcotráfico con apoyo de Estados Unidos. Aunque decenas de capos fueron detenidos o abatidos, las drogas siguieron fluyendo y la violencia se multiplicó.
Expertos señalan que esta estrategia fragmentó a los grupos, generó disputas internas y amplió su control territorial. Hoy, muchos cárteles no solo trafican drogas, también cobran extorsiones, controlan economías locales y actúan como poderes paralelos.
“Mientras exista demanda, no se va a acabar la oferta”, resume el historiador Benjamin T. Smith. “Eliminar a un líder no detiene una industria multimillonaria”.
Crimen incrustado en la vida cotidiana.
Otro factor clave es la penetración del crimen organizado en instituciones y comunidades. En las elecciones de 2024, decenas de candidatos fueron asesinados y cientos se retiraron por amenazas. En varias regiones, los cárteles operan redes de vigilancia con taxistas, comerciantes y trabajadores locales.
Un estudio publicado en Science estimó que entre 160 mil y 185 mil personas trabajan para los cárteles en México, lo que explica su capacidad de resistencia.
Sheinbaum marca límites.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que está dispuesta a cooperar con EE.UU., pero sin aceptar tropas extranjeras en territorio mexicano.
“Nuestra posición debe ser firme en cuanto a la soberanía”, afirmó, subrayando que la relación con Washington debe basarse en colaboración, no subordinación.
Además del rechazo político y social que generaría una intervención militar, expertos advierten que una acción unilateral de EE.UU. podría detonar una ola de violencia y desestabilización, como ocurrió en Sinaloa tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada.
Un riesgo para la relación bilateral.
Cualquier incursión militar dañaría seriamente la relación con México, hoy el principal socio comercial de Estados Unidos. Aun así, Trump insiste en que “los cárteles controlan México”, una afirmación que Sheinbaum ha desestimado con cautela.
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